Con la nueva ordenación del sistema educativo y la ampliación de la escolaridad obligatoria hasta las dieciséis años, el Bachillerato se ha reducido de cuatro años, si contamos los tres cursos del BUP y el curso de COU, a dos, pasando a ser España el país de Europa con el Bachillerato de menor duración. El autor del presente artículo apunta y argumenta que, de este modo, el nuevo Bachillerato encuentra dificultades en asumir la tarea de dar formación y preparación suficiente a los alumnos para afrontar con ciertas garantías de éxito sus estudios superiores.

La proyección de los nuevos Bachilleratos en la formación preuniversitaria:
el caso de la Química

   
     

Francisco Gallego Puche
Profesor de Bachillerato

 
     

Antes de iniciar nuestro análisis queremos dejar claro que lo que nos mueve no es una reivindicación sectorial que demande una mayor presencia de la Química apoyándose en posibles argumentos que subrayaran su importancia, sino más bien una preocupación pedagógica desde la que demandamos la necesaria coordinación y coherencia entre los posibles itinerarios curriculares del Bachillerato y los estudios universitarios a los que éstos dan acceso.
Sostendremos la tesis de que la actual configuración de los bachilleratos presenta un problema estructural de graves consecuencias para los alumnos interesados en elegir alguna de las opciones universitarias arriba mencionadas, esto es, para todos aquellos alumnos que requieran una formación simultanea en Química, Física y Matemáticas. Partiremos del hecho obvio de que esta exigencia formativa se traduce en que estos alumnos tendrán que cursar en el último año de Bachillerato (2º) y de manera simultánea las tres asignaturas, puesto que en ninguna de ellas el nivel máximo alcanzable en primero de Bachillerato resulta suficiente para conseguir los conocimientos de esas áreas presupuestos en los primeros cursos de las opciones universitarias que estamos considerando.
En principio, la ley faculta el acceso a la mayoría de estos estudios desde dos itinerarios posibles: Itinerario de Ciencias e Ingeniería (A), e itinerario de Ciencias de la Salud (B).
Es en la dificultad de introducir esta materia donde se pone de relieve las considerables fallas estructurales del sistema que dan lugar a problemas y situaciones ciertamente paradójicas, y en particular a que la Química no consta como optativa del segundo curso en la opción A, con lo cual, en primera instancia, se le ofertan al alumno un conjunto de materias que vendrían a completar de manera natural su currículum, muchas de las cuales tienen escasa importancia con vista a la formación específica para su próxima incorporación a los estudios universitarios.

Adecuación curricular
La única vía para completar adecuadamente el currículum, consistiría en elegir la asignatura de Química en virtud de la posibilidad que establece la ley de incluir entre las optativas una asignatura obligatoria de otro itinerario (siendo que "Química" es obligatoria en el itinerario de Ciencias de la Salud). No obstante, si pudiera parecer que esta previsión legal resuelve el problema, de hecho no es así, por cuanto la realización efectiva de esta posibilidad estará supeditada al menos a la existencia mínima de un grupo de quince alumnos que opten por ella, para que la asignatura sea impartida (puesto que en itinerario A que estamos considerando la Química tiene el estatuto de optativa); a la disposición en el centro de profesorado específico que pueda impartir la asignatura, con lo que en aquellos centros donde los horarios de los miembros del Departamento de Física y Química sean ajustados o estén comprometidos, la oferta no es siquiera pensable; y a la posibilidad de resolver un conjunto de problemas que podríamos denominar estructurales y que entre otros son, por una parte, que los alumnos deben asumir un horario de una hora más sobre las treinta previstas, y que por otra deben desplazarse al menos una tarde al centro, lo que resulta prácticamente imposible para los centros comarcales que concentran alumnos que tienen que desplazarse diariamente una cantidad de kilómetros considerable.
Estas dificultades, ya de por sí importantes, se agravan bajo determinadas condiciones: centros con plantilla poco numerosa, aquellos que por razones justificadas no puedan abrir en horario vespertino, etc.

Selección de la optatividad
Una consecuencia particularmente grave a que puede dar lugar esta situación se plantea en los estudios universitarios que exigen para el acceso una nota de corte alta o muy alta. En estos casos, el sistema puede generar una alternativa de preocupantes consecuencias si es el alumno –como ocurre en el nuevo Bachillerato- quien configura buena parte del currículum que cursará, éste podrá seleccionar la optatividad desde un doble criterio que casi nunca es coincidente: elegir las asignaturas de menor dificultad, donde obtener calificaciones altas es más fácil, con objeto de tener máxima probabilidad de alcanzar la nota de corte; o configurar un currículum que lo prepare del mejor modo posible para los futuros estudios universitarios que desea cursar.
Si se adopta el primero de los criterios, aumentan sus posibilidades de acceder a la opción deseada, pero, en contrapartida, deberá asumir lagunas importantes en su formación que dificultarán a posteriori y, en algunos casos imposibilitará un buen rendimiento en la Universidad. Si, por el contrario, adopta el segundo, presumiblemente estará bien preparado, pero verá amenazada la posibilidad de ingresar en los estudios universitarios con vistas a los cuales ha estructurado su currículum (dada la dificultad de obtener buenas calificaciones en asignaturas de mayor dificultad). Esta encrucijada podría llevarnos a la situación paradójica de que algunos alumnos que no están suficientemente formados para enfrentar ciertos estudios universitarios tengan acceso a ellos, mientras que el acceso esté vedado a otros que sí tienen preparación suficiente para enfrentarlos con garantía. Es a la luz de este tipo de "perversiones estructurales" desde donde, a nuestro juicio, habría que valorar la oportunidad o no de ofertar el acceso a ciertas licenciaturas de más de un itinerario alternativo. Añadamos, de paso, que tal duplicidad de criterios se eliminaría sustituyendo la actual prueba selectiva de ingreso por pruebas específicas de acceso diseñadas por cada Facultad y ajustadas a sus exigencias formativas específicas.
A modo de conclusión creemos que la actual estructura del Bachillerato, si bien no imposibilita en sentido fuerte la formación simultanea en segundo curso de las áreas de Química, Matemáticas y Física, sí que dificulta seriamente la concreción efectiva en los centros de esa modalidad curricular, dejando a merced de factores extraeducativos y frecuentemente aleatorios (ubicación del Centro, perfil del claustro, elecciones e intereses de otros compañeros, etc.) lo que en realidad debiera estar garantizado y facilitado por la Administración, dada la relevancia de lo que está en juego -que, a la postre, no es sino el éxito o fracaso de los alumnos en su singladura universitaria-. Consecuentemente, creemos que se impone una reforma urgente que, a diferencia de la recientemente realizada, debiera estar elaborada desde una mayor atención a la necesaria concordancia curricular entre los estudios de Bachillerato y las correspondientes licenciaturas a que éstos permiten acceder.

 
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