El futuro de la literatura
infantil y juvenil

Unas jornadas analizan el desarrollo que han experimentado estos dos géneros, así como las carencias que aún padecen.

 

  El desarrollo de la literatura infantil y juvenil, que han llegado a establecerse en el mercado, no tiene que renunciar a la autocrítica ni a formularse preguntas sobre su futuro y el papel que ejerce en la sociedad, Así se ha puesto de manifiesto en las VII Jornadas de Bibliotecas Infantiles, Juveniles y Escolares, organizadas por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
 

Madrid.
La creación literaria infantil y juvenil se ha caracterizado en la década de los noventa por un fortalecimiento de la oferta literaria, que se manifiesta en la edición de un elevado número de títulos y en el aumento de escritores e ilustradores. Así se ha puesto de manifiesto en el transcurso de las VII Jornadas de Bibliotecas Infantiles, Juveniles y Escolares, celebradas recientemente en el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Salamanca, y organizadas por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Las jornadas se convocaron bajo el título "Literatura para cambiar el siglo. Una revisión crítica de la literatura infantil y juvenil de la última década".
De estas VII Jornadas de Bibliotecas Infantiles, Juveniles y Escolares, han surgido también algunas propuestas dirigidas a los sectores implicados y relacionados directamente la literatura infantil y juvenil:
En lo que se refiere a los editores, el plenario de las jornadas ha propuesto: una apuesta por libros de calidad, opción que no tiene por qué ser elitista ni estar reñida con los gustos de un sector amplio del público; la creación de colecciones que aseguren la permanencia de títulos claves, reconocidos por la crítica y los lectores; y no limitar la producción destinada a niños y jóvenes a la narrativa, aumentando la presencia de otros géneros literarios, como la poesía, el teatro o el libro informativo.
En cuanto a los mediadores (bibliotecarios, maestros y profesionales en general), se les pide que ejerzan una verdadera labor de mediación, de orientación y de información; elaboren guías y bibliografías selectivas que informen y promuevan libros de calidad; y lleven a cabo una labor de mediadores entre el pequeño y joven lector y el libro.
También abogan porque se ponga en marcha un premio literario de carácter independiente y que recoja las valoraciones , tanto de los mediadores como del propio lector infantil y juvenil.
Por último, en lo que se refiere a las administraciones educativas y culturales, se solicita que impulsen un plan nacional de lectura que afecte a la sociedad en su conjunto; y promuevan y apoyen la elaboración de estudios de campo que sirvan para configurar un mapa de lectura en España.

 

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