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Los hábitos de lectura

He leído unas declaraciones del director general de Libro, Archivos y Bibliotecas, Fernando Luis de Lanzas, en las que señala que el índice de lectura en España se encuentra en un 50 por ciento de personas que leen habitualmente, una cifra que, personalmente, considero muy elevada, especialmente si se tiene en cuenta que la lectura de periódicos en nuestro país es de las más bajas de la Unión Europea. En todo caso, de ser ciertas esas cifras, todavía están muy lejanas de los porcentajes de otros países de nuestro entorno como Holanda (77 por ciento), Reino Unido (74) o Alemania (70 por ciento).
Los datos deben hacernos reflexionar sobre el papel de la escuela en este campo. La Administración educativa ha dado pasos importantes en la dotación de recursos para la creación y mantenimiento de bibliotecas en los centros educativos. Es una iniciativa loable, aunque insuficiente. La escuela por un lado y los padres por otro, deben ser los verdaderos impulsores de un hábito tan importante como el de la lectura, que adquirido desde los primeros años de la escolaridad se convertirá en una constante a lo largo de toda la vida adulta. En un país con la tradición cultura de España, que cuenta con una de las lenguas más ricas del mundo, la lectura debe convertirse en un objetivo educativo de primer orden, además de instrumento para mitigar el excesivo número de horas que los niños pasan frente al televisor.

Javier Martín López (Madrid)

 
   
 
   

La espalda de los escolares

Escribo estas líneas como médico de familia que acaba de realizar en estos días, dentro del Programa de Salud Escolar, el reconocimiento periódico a los alumnos/as de 1º y 5º de Primaria y 2º de Secundaria de los colegios públicos y privados concertados. En este programa, además de informar de las condiciones de los centros escolares, orientar a los padres/madres y poner en marcha las vacunaciones contra la polio, el tétanos, la hepatitis B, el sarampión, la rubeola, la parotiditis, etc., se realiza un reconocimiento físico para detectar precozmente posibles anomalías visuales o en la columna vertebral. Llama la atención la cantidad de niños y niñas que refieren dorsalgias o molestias diversas en la espalda, y en muchos casos se observan asimetrías que pueden ser vicios postulares, o incluso tratarse de escoliosis o desviaciones de columna. Resulta igualmente llamativo el enorme peso y volumen de las mochilas con las que han de cargar los escolares, transportando numerosos libros y material escolar diariamente al colegio. Esto es, a todas luces, una barbaridad desde todos los puntos de vista, innecesario para el aprendizaje y perjudicial para la salud. Sin entrar en el gran negocio de las editoriales ni en los excesos de contenidos, ni siquiera en las metodologías didácticas tan sorprendentes que, por un lado cada año bajan los niveles de conocimiento y, por otro, aumentan las páginas de textos y las asignaturas, sí quisiera hacer una propuesta sencilla y eficaz para prevenir estos problemas de espalda que a tan temprana edad surgen y que pueden conllevar en el futuro problemas más serios. Propondría que los libros de textos estuviesen encuadernados con anillas o en pequeños fascículos, de tal manera que no fuese necesario transportar el libro de texto entero cada día alir al colegio, si no sólo y exclusivamente el tema que tocase tratar. Disminuiríamos así en un 90% el peso a tansportar diariamente por los alumnos. Sé que esta propuesta no puede gustar a los fabricantes de mochilas, pero la salud está antes que nada, y sé que sería más lógico que los libros estuviesen en los colegios y no en las casas, que los escolares los compartiesen y trabajaran en equipo, pero nuestros gobiernos y las editoriales son tan amigos que plantearlo es una utopía.

Sebastián Martín Recio.
Carmona (Sevilla)

 
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