"Naturaleza muerta" (1964)
"Naturaleza muerta"
(1955)
"Flores" (1943)
Fascinación
por la esencia
El Museo Thyssen-Bornemisza ofrece en Madrid, una exposición antológica del pintor italiano Giorgio Morandi (1890-1964) en
la que a través de un centenar de obras, entre dibujos, óleos y acuarelas, se ofrece una panorámica completa del trabajo realizado por este pintor que no abandonó la figuración pero que es considerado como el más abstracto de su generación.

Madrid. PILAR BRAVO
"Nada es más abstracto que la realidad", decía este artista intemporal y no inscrito en ningún movimiento contemporáneo, definido esencialmente por el refinamiento extremo de su creación. En la obra de Morandi el espacio se hace presencia, se hace realidad, gracias a la disposición de los objetos concretos. La perspectiva parece descomponerse suavemente en composiciones donde las superficies, los objetos y las paredes, configuran un todo continuo: "En el momento -decía Morandi- en el que los frascos y las botellas se afirman ante nuestros ojos, su forma cede vencida por una atmósfera que la descompone". Con este convencimiento, el artista rompió con la línea como elemento definitorio del contorno de las cosas, y otorgó un mayor protagonismo a los planos de color que según su situación, y la distancia que establecen entre sí, definen el volumen de los objetos.

Con esta sencillez expresiva los cuadros de Morandi trasladan al espectador a un peculiar cosmos de naturalezas muertas y de paisajes. Su iconografía es tan sobria y reducida como su paleta, como su forma de componer y hasta de estructurar los espacios. Y es que, como el propio artista manifestó: "...sigo creyendo en el arte por el arte más que en el arte como exponente de religión, de justicia social o de la gloria nacional. Nada me es más ajeno que un arte que se ponga al servicio de otro fin que no sea el inherente a la propia obra de arte-..."

Giorgio Morandi fue un artista preocupado por la luz y por captar la atmósfera lírica que envuelve a los objetos. Trabajó siempre dentro de una estética figurativa, que con el paso de los años adquirió un tono cada vez más simbólico. Una de las características de su creación fue el uso de una gama de colores pálidos y apagados, que van desde el ocre y el rosa, a los azules y grises. No le importó el tema, sino la riqueza de los tonos, y esta fue una constante a lo largo de los aproximadamente 40 años de actividad creativa, en los que apenas salió de su estudio en la Via Fondazza de Bolonia,

La exposición antológica que el Museo Thyssen dedica en Madrid a Giorgio Morandi ha sido estructurada con un criterio cronológico, que arranca con los cuadros pintados en una etapa inicial en la que, en torno a 1910, el artista se aproximó a una estética Cubista (especialmente inspirada en Cezanne) y Futurista. Posteriormente el recorrido de la muestra marca la aproximación de Morandi al grupo Metafísico italiano, que encabezaron pintores como Carrá, o de Chirico, del que puede considerarse uno de los más importantes representantes.

Expresión contenida

Esta fue su más notable inspiración en los cuadros pintados durante la Primera Guerra Mundial, que se caracterizaron, como el arte metafísico, por un tipo de expresión muy contenida, basada en las formas, en una exagerada precisión en su representación, y en cierto modo muy cercana al mundo de los sueños y de las visiones surrealistas.

A partir de este momento su arte adoptó un carácter más personal e intimista, que supo recoger las esencias de la modernidad en un progresivo proceso de maduración, en el que se canalizó por otra parte una perfecta simbiosis entre la profundidad de los planteamientos plásticos y la belleza y sensibilidad formal de los resultados.

A partir de la década de los años veinte, Morandi realizó una serie de bodegones de pequeño formato, pero monumentales en la concepción, que se nos muestran muy construidos y estudiados. Ya a mediados de los años treinta, acentuó el contraste de luces y de sombras e incorporó un mayor número de objetos a las composiciones. Durante la Segunda Guerra Mundial pasó un año en el campo, cerca de su Bolonia natal, y pintó especialmente paisajes marcados por un espíritu triste y trágico. Desde 1945 alcanzó una etapa de máxima madurez expresiva en la que casi trabajó en series.

Desde entonces sus bodegones tuvieron un formato cada vez menor, al tiempo que incluyeron menos objetos. Eso sí, Morandi utilizó siempre los mismos objetos, que colocaba de distinta forma, para que el ángulo de visión fuera diferente, y también variara la incidencia de la luz sobre cada elemento. En este proceso evolutivo, en el que el artista alcanzó una expresividad máxima con una reducción al mínimo de los elementos, llegó prácticamente a la abstracción con unas creaciones realizadas en su etapa final, en las que las manchas de color apenas dejan adivinar las formas.


Un centenar de obras nos acercan a la sencillez expresiva
y al refinamiento de Giorgio Morandi
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