La MIR, la estación espacial rusa, es el mayor objeto que los seres humanos hayan puesto en espacio. Ahora se discute su futuro, si continuar con ella,
a pesar de que ha superado con mucho el tiempo de vida útil para el que fue diseñado, o dejarla caer en un oceáno. (Foto EFE)
De continuar la situación actual, en unos 40 años no podrá
ponerse en
órbita ningún objeto espacial
Son ya 300.000 los objetos que deambulan por el espacio, sin ningún control desde la Tierra. Y ocupan sobre todo las órbitas
con mayor interés, ya pueda ser en comunicaciones, científico o militar. Uno de estos objetos, con sólo O,1 milímetro, viaja a 36.000 kilómetros por hora, y puede atravesar de parte a parte a un astronauta.

Madrid. ALFONSO PEZUELA
La Agencia Espacial Europea (ESA), de la que forma parte España, ha tomado una serie de medidas y fijado unas directrices para la industria aeronaútica, con objeto de salir al paso del problema existente en la actualidad con la llamada "chatarra espacial" y , sobre todo, de impedir que se convierta en muy grave en un futuro no muy lejano.

En una sesión convocada por la ESA el pasado 11 de junio, y en la que reunió a la industria aeronaútica del viejo continente, entregó a los asistentes un documento al que ha dado el título de "Manual sobre desechos espaciales". Junto a ello, la ESA hizo llegar a los representantes de las cincuenta compañías presentes.el mensaje con el que resume los resultados de sus investigaciones y estudios: la situación en estos momentos no es en sí grave, pero en alrededor de 40 años no será posible poner ningún objeto espacial en órbita.

La alarma viene dándose desde hace tiempo: el espacio se está convirtiendo en un basurero, en un cementerio de satélites, naves, cohetes y sondas, y en vertedero de basura. Pero muchas veces estas alarmas procedían de voces aisladas, sin medios y sin poder ejecutivo. Su única posibilidad era tratar de concienciar sobre la importancia del problema.a quienes pueden mover los grandes medios y tomar las grandes decisiones.

Aquel Sputnik

Unos 300.000 objetos, de diferente tamaño y condición, vagan actualmente por el espacio, perdido todo control de ellos desde la Tierra. Son consecuencia de la actividad espacial iniciada por los seres humanos en 1957, cuando la antigua Unión Soviética lanzó su primer satélite, el Sputnik. Hasta entonces ningún objeto creado y lanzado por el hombre había conseguido superar la fuerza de atracción de la gravedad que crea la Tierra y alcanzar lo que muchas veces se conoce como el "espacio exterior".

Pero, qué importancia puede tener la existencia en el espacio de 300.000 objetos, dada la inmensidad de este, cuando continúa expandiéndose y sigue sin saberse si lo hará de manera infinita o, por el contrario, llegará un momento en el que colapsará y se producirá el Big Crunch; algo así como el Big Bang que se cree dio origen al universo, pero en sentido opuesto.

La Agencia Espacial Europea ha recordado que una simple partícula de 0,1 milímetro, al viajar en el casi vacío sideral a 36.000 kilómetros por hora, si coincide en su trayectoria con un astronauta, lo atraverá de parte a parte. Y la perforación de su traje espacial tendrá como consecuencia el estallido tanto de la vestimenta como de la persona a la que proteja.

Órbitas ocupadas

En segundo lugar, estos 300.000 objetos no sólo no están difuminados o dispersados en el inmenso espacio exterior, sino, por el contrario, concentrados en unas pocas órbitas cercanas a la Tierra. Y, precisamente, en aquellas que más interés tienen actualmente. Y esto es lógico. Generalmente, cuando los satélites terminan su vida útil, en último caso al acabárseles la energia, se les deja continuar girando, como objetos inertes, en la misma órbita desde la que estuvieron cumpliendo las funciones para las que se les envió al espacio. Ahora, el estado de las distintas órbitas más adecuadas para cada tipo de actividad empieza a preocupar.

Ya ha habido transbordadores que han regresado a la Tierra con los impactos de la chatarra espacial y a los que ha habido que reparar. Y un satélite francés, el CERISE, con un coste de milles de millones, resultó destruído, igualmente por la chatarra.

Para atacar el problema, se contemplan las siguientes soluciones:

Las empresas aeronaúticas serán responsables del futuro de todo satélite, lanzadera u objeto cualquiera que pongan en el espacio, una vez que haya terminado su vida útíl y aunque esto les suponga un importante aumento en los costes.

Vertederos exclusivos

Como soluciones, la ESA apunta principalmente a dos La primera consiste en enviar los objetos espaciales a unas órbitas determinadas, escogidas antes para su uso exclusivo como vertederos. Esto, para cuando se trata de órbitas entre 20.000 y 30.000 kilómetros de altura.

Cuando sean órbitas situadas a menos de 2.000 kilómetros de la Tierra, habrá que obligar a los objetos espaciales a alejarse, lanzarlos hacia zonas lejanas de la Tierra y hacer que se desintegren en ellas. Todo ello se sabe que va a resultar muy caro, pero ya se están comenzando a pagar las consecuecias de la falta de previsión y que no se haya comenzado antes a tomar medidas. Aunque cuando el primer sputnik se convirtió en la primera pìeza de "chatarra espcial" no se pensó que ésta llegaría a convertirse en un problema frente al que un día habría que comenzar a actuar.

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