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El valor del claustro de profesores

Tres son los valores que podemos encontrar en el Claustro de Profesores, independientemente del valor, llamémosle profesional o docente.
En relación a la vida del claustro de profesores, llegada esta época, cuando ya se acerca la finalización de un curso, es la hora de la reflexión colectiva, lo que viene a significar cambio, confrontación y creatividad para afrontar el próximo curso.
Las situaciones de la vida pasada, del ultimo año o curso escolar, al ser reciente su andadura en la vida del Colegio o en la del Instituto de Secundaria, nos hacen pensar que pueden haber funcionado como una estrategia pero no son tal, son simplemente el recurso de un grupo para estimular la creatividad, facultad ésta de encontrar combinaciones originales en base a informaciones ya conocidas, adaptándose a situaciones nuevas y transformando las ideas colectivas para responder a los desafíos que se presenten en el nuevo curso.
Pero existe otro valor añadido al anterior: todos somos conscientes de que el hecho que ha impactado más a la sociedad en este siglo ha sido el descubrimiento de la mujer en el campo laboral, aunque se sigue encontrando comportamientos que responden a los esquemas de la sociedad machista. Pero uno de los campos donde menos se da esta situación es en los claustros de profesores; aquí la profesora juega al mismo nivel que el resto de sus compañeros, participando en la construcción del diseño del próximo curso y ese diseño proporciona a todos un enriquecimiento y una experiencia que difícilmente pueden adquirirse de otro modo.
Con esto llegamos al valor del claustro de profesores en esta etapa, mes de julio, con las clases ya finalizadas: construir, planificar el nuevo curso evolutivo, aprendiendo del pasado y aunando el esfuerzo común de todos los profesores de cara al próximo y con la enseñanza, que se puede extrapolar a todos los órdenes de la vida: la tradición y el pasado no están reñidos con el cambio y puesta la meta en la perspectiva del futuro, siempre que se entienda este cambio como el producto dialéctico entre el grupo en cuestión y su entorno.

M. P. Díez. (Madrid)

 
     
   

La dirección de los centros educativos

Un gran error pedagógico de los últimos años ha sido concebir la educación como un problema técnico y no como un problema humano. Este planteamiento ha llevado, a algunos, a creer que la escuela está para preparar profesional, solamente, y no como personas. Muchos, entre los que por supuesto me encuentro, pensamos, en cambio, que nuestra misión como educadores y directores de Centros educativos es un verdadero problema humano y por eso es tan importante la idea de personas que tengamos pues de acuerdo con ella educaremos y dirigiremos a todos aquellos que dependen de nosotros.
Un buen director debe conocer perfectamente como es la persona, cuales son sus procesos de maduración, cómo son sus circunstancias personales, sociales y familiares para ayudar a todos: padres, profesores, alumnos y personal no docente a descubrir personalmente su propio proyecto personal de mejora que muchos ignora completamente. Es frecuente encontrarse con jóvenes que no saben que hacer con sus vidas, que quieren y a donde van. Ayudar, por tanto a descubrir este proyecto personal es tarea difícil pero a la vez apasionante pues se trata de, mediante el respeto más profundo a las conciencias, contribuir desinteresadamente a que cada uno logre, mediante el ejercicio constante de su libertad, desarrollar, cada vez mejor todas sus cualidades personales.
Un buen director está, por eso, especialmente obligado a conseguir que siempre exista, dentro del centro educativo un ambiente de cordialidad respeto y cariño donde cada uno se sienta de verdad único e irrepetible pues no solo los que gobiernan sino todos los miembros de la comunidad educativa, comprenden sus penas y alegrías y tratan siempre de ayudarle a crecer y mejorar en serio. Por eso los despachos personales con los profesores, las tutorías con padres y alumnos son algo fundamental en cualquier centro educativo que trate de llevar a la práctica la enseñanza personalizada, El diálogo es, sin lugar a dudas imprescindible para lograr estos objetivos y por eso se ha de facilitar constantemente buscando las ocasiones propicias para que éste se desarrolle tanto en las clases como en la situaciones informales.
Me parece fundamental en la misión de gobierno el explicar siempre, a las personas, las ocasiones en las que no han actuado bien para que sean capaces de rectificar y así ejerciten su libertad y al mismo tiempo asuman su propia responsabilidad. Mi concepto de persona como alguien capaz de pedir perdón, me llevará a confiar, a pesar de los pesares, en la gente.
Como conclusión solo me resta afirmar que las cuestiones antropológicas son muy importantes para entender bien a las personas y así poder dirigir correctamente. Por eso cualquier directivo debe estudiar, con su propia vida, a todos los demás miembros del Centro Educativo.

María Hernández-Sampelayo (Madrid)

 
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