Los
ginecólogos recomiendan reconocimientos periódicos a las
mujeres que desean tener un hijo, de manera que puedan corregirse deficiencias
que podrían afectar al feto, como los bajos niveles de ácido
fólico.
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Madrid.
JUAN MANUEL BARBERA
La
incorporación al trabajo fuera de casa de la mujer española
es una, aunque no la única, causa de que la edad de embarazo se
haya retrasado considerablemente. Hasta hace una década, la media
de edad de las embarazadas estaba entre los 26 y 30 años, mientras
que hoy ya está más cercana a la última cifra. Por
otro lado, como confirma el doctor Ramón Lanzón, jefe del
servicio de ginecología del hospital Miguel Servet, de Zaragoza,
"también han mejorado las técnicas de diagnóstico
prenatal, de tal forma que en estos momentos consideramos como embarazos
de bajo riesgo todos aquellos hasta que la mujer cumple los 35 años,
de riesgo medio entre los 35-40 años y de más alto riesgo
a partir de los 40 años , lo que no quiere decir que los niños
de las mujeres que rozan la cuarentena vayan a sufrir una malformación
al nacer, sino que la posibilidad es mayor".
Lo
que parece un hecho, como ha quedado claro durante el XXV congreso nacional
de la especialidad celebrado recientemente en Zaragoza, es que la ginecología
española, como la pediatría, está a muy alto nivel.
La principal consecuencia de ello es que la salud de los recién
nacidos españoles es de las mejores del mundo.
Sin
embargo, una de las cuestiones que está en discusión es
si ahora se hacen más cesáreas que antes. Aparte de planteamientos
económicos -una cesárea supone el doble de gasto que un
parto vaginal, por lo que algunos analistas plantean que es más
rentable para la clínica y el médico-, parece que la "vejez"
de las gestantes primíparas -que tienen su primer hijo- y el miedo
a las reclamaciones, hace que algunos ginecólogos se decanten por
la cirugía. Y esta actitud asistencial, aunque puede ser mejor
para el feto, hace que la madre corra muchos más riesgos -cirugía
abierta, transfusiones- y el tiempo de hospitalización postoperatorio
y posibles secuelas sean también mayores.
Consulta
pregestacional
De
lo que sí están seguros los ginecólogos es de la
necesidad de implantar la llamada consulta pregestacional o preconcepcional
que, según recomienda la Sociedad Española de Ginecología
y Obstetricia (SEGO), debería realizarse dentro del año
que precede al embarazo.
Para
el presidente de esta sociedad científica, doctor Luis Cabero Roura,
lo importante "es lograr que las mujeres que vayan a iniciar una gestación
lo hagan en las mejores condiciones posibles y que, consecuentemente,
se reduzcan los índices actuales de morbimortalidad perinatal,
ya de por si bajos".
Este
programa trata de generalizar la instauración de la consulta previa
al embarazo o, lo que es lo mismo, del consejo preconcepcional a aquellas
mujeres que han decidido tener un hijo y, por tanto, se encuentran próximas
a un posible embarazo; aunque, no cabe duda que son las mujeres con enfermedades
crónicas (asma, diabetes mellitus, enfermedad inflamatoria intestinal,
enfermedad maniaco-depresiva, enfermedades autoinmunes, enfermedades cardíacas,
enfermedades renales, enfermedades infecciosas, hipertensión arterial,
etc.) las que más pueden beneficiarse de este tipo de consultas.
El
objetivo final, es la prevención de las malformaciones congénitas
en el feto que, en el caso del tubo neural, son muy fáciles de
prevenir con la sola administración de ácido fólico.
De hecho, según datos de la SEGO, en España dos de cada
tres mujeres embarazadas experimentan un descenso de folatos durante la
gestación.
Demanda
vitamínica
El
embarazo es el caso más tipico de déficit de folatos, porque
es durante el desarrollo del feto y otros procesos propios de este periodo
cuando se produce una mayor demanda de esta vitamina. Se estima que el
desplazamiento de los folatos de la madre al feto multiplica por seis
sus necesidades orgánicas , por lo que las reservas podrían
llegar a agotarse en dos o tres meses, de no mediar un aporte suplementario.
Los
expertos insisten en la necesidad de iniciar dicho aporte lo más
precozmente posible y mantenerlo hasta el final de la lactancia. Este
inicio precoz se refiere a la fase pregestacional ya que, en el caso de
las malformaciones fetales del tubo neural -para cuya prevención
es básica la disposición en el organismo de reservas suficientes
de folatos- tiene lugar en los dos primeros meses de embarazo, periodo
en el que muchas mujeres desconocen su propio estado.
Este
déficit de folatos durante el embarazo perjudica, sobre todo, al
feto, ya que cuando éste se desarrolla, los tejidos del embrión
pueden verse afectados seriamente, hasta el punto de llegar a provocar
su muerte (aborto). En cuanto a las malformaciones fetales, las principales
están relacionadas con los defectos en el cierre del tubo neural
(anencefalia, encefalocele y espina bifida o meningocele), labio leporino
y fisura palatina.
Diagnóstico
prenatal
En
cuanto al diagnóstico prenatal, una de las técnicas que
más ha contribuído a su desarrollo ha sido la ecografía.
En este apartado también hay que destacar el estudio de las malformaciones
cromosómicas a través de la biopsia corial y en líquido
amniótico -amniocentesis. Pero la técnica que puede marcar
diferencias en este aspecto es el estudio de células fetales en
sangre de la madre. Ahora mismo esta técnica cuenta con una fiabilidad
del 95 % y el riesgo de aborto que tienen otras técnicas invasivas
sería nulo aquí.
Curiosamente,
aparte de su carestía, dado que hay que utilizar aparatos finos
de identificación molecular como la reacción en cadena de
la polimerasa (PCR), el principal escollo para su generalización
en EEUU -primer país que la ha introducido- son las consideraciones
éticas. En todo caso, cuando se ponga en marcha como método
rutinario y se combine con otros métodos, como la ecografia, no
cabe duda que se habrá dado un gran salto cualitativo en la prevención
de los defectos congénitos a pesar de que, como señala la
doctora María Luisa Martínez Frías, directora desde
1976 del estudio colaborativo español de malformaciones congénitas
(ECEMC), el 40 % de los defectos congénitos son de causa conocida
. Y eso teniendo en cuenta que la tasa de malformaciones fetales se sitúan
en un 3 % y es una de las más bajas de Europa.
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