"Pastoral", 1910-1911.
"Las hermanas Ribas", 1913.
 
La sensibilidad
mediterránea de
Joaquim Sunyer
"Joaquim Sunyer. La construcción de una mirada" es el título de la exposición que la Fundación Mapfre Vida dedica en Madrid
a este pintor catalán (Sitges
1874-1956) considerado como uno de las figuras más destacadas de la estética noucentista. La muestra incluye una selección de cerca de ochenta obras, entre pinturas, grabados y pasteles, y se centra en la etapa creativa de Sunyer marcada por su estancia en París, que sirvió para definir su lenguaje personal.

Madrid. PILAR BRAVO
Eugenio DŽOrs decía de Sunyer: "...no es un francés, sino, muy radicalmente, un catalán.". Desde su primer viaje a París en 1896, Joaquim Sunyer alternó sus estancias entre Francia y España, y evolucionó dentro de una estética de la luz, del color, y de presencias matéricas, al tiempo que interpretó la tradición del arte catalán desde la perspectiva moderna que aportó el "noucentisme". Formado en Barcelona, en la Escuela de Bellas Artes, junto a Nonell, Torres García, Canals y Mir -con el que solía recorrer los alrededores y los suburbios de la ciudad para pintar paisajes del natural- desarrolló un tipo de lenguaje artístico muy personal que supo conectar con los movimientos que transformaron el arte de comienzos de siglo.

La muestra arranca precisamente en este período creativo, que ha sido denominado "la época de París (1896-1909)", en el que Sunyer realizó una creación que trata de emular los planteamientos impresionistas y posimpresionistas de artistas como Monet, Degas, Forain o Daumier, y en el que cultivó más el grabado y el pastel que la pintura. Las dificultades económicas por la s que atravesó durante sus primeros años en París, le hicieron plasmar las escenas miserables, la vida popular y obrera que conoció, aunque más tarde, y a medida que su situación fue mejorando, prefirió representar escenas de Montmartre y de interiores, en las que la materia pictórica cobra un gran protagonismo.

Especialmente hermosos son los óleos en los que recoge imágenes urbanas de París, como "Place Pigall" de 1904, o las escenas de interiores, apacibles y delicadas, como "Mujer cosiendo" pintada en 1905.

A partir de 1909, como apreciamos en la exposición, Sunyer dio comienzo en Sitges a una nueva etapa creativa, la que denominó su "segunda vida artística" caracterizada por la representación de paisajes muy sencillos en la composición, austeros, que parecen recoger esencias primitivas en la perfecta delimitación de los volúmenes y en la pureza del dibujo, y que expresan un profundo sentimiento de la realidad mediterránea. En esta etapa, que ha sido denominada "Hacia un nuevo lenguaje 1909-1911", realizó una de las obras consideradas como paradigma de la pintura noucentista catalana. Es la denominada "Mediterránea" de 1910-11, un óleo que ha contribuido decisivamente a difundir los rasgos que definen la estética noucentista, como la identificación de la mujer con un tipo de paisaje idílico, o la utilización de la línea, el color y la luz como instrumentos para transmitir un mensaje.

Retratos y paisajes

Durante este período pintó también numerosos retratos de miembros de su familia, en composiciones muy esquemáticas donde predominan las gamas frías de color. Tanto los retratos como los paisajes, centraron su actividad creativa desde 1911 hasta 1919 en una etapa considerada de consolidación, y marcada por los viajes realizados a Munich, el sur de Francia, e Italia. En los paisajes que pintó se aprecia la influencia de Cezanne, del Cubismo y también de Matisse. Su peculiar manera de plasmar la realidad se aprecia igualmente en los retratos realizados en este período, que en unos casos recogen la herencia de Cezanne en la organización de los volúmenes, como en el profundo e intenso retrato de "Doña Engracieta " de 1912, mientras que en otros se acercan a la estética de los primitivos italianos por la adopción de un lenguaje más realista e ingenuo, como vemos en la imagen de "Maria Dolors" pintada en 1916.

La exposición nos adentra finalmente en el período creativo que se extiende desde 1919 hasta 1923, considerado como el de plenitud, en el que Sunyer, ya reconocido y admirado, prosiguió su trabajo como retratista y paisajista, al tiempo que recuperó la iconografía de la maternidad, probablemente sensibilizado por su matrimonio y el nacimiento de dos hijos. En esta etapa sus obras más destacadas son las que tienen como inspiración el desnudo femenino, perfectamente integrado en el paisaje como un elemento más de la naturaleza. Es el tema de obras como "Pastoral" de 1919, o "Bañistas" de 1923.


Una selección
de 80 obras muestra la etapa más creativa
del pintor catalán
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