"El sitio de Lisboa" (1991), a la derecha, y "Sequeros"
(1961), abajo.
La materia
de Lucio Muñoz
 

Madrid. PILAR BRAVO
Considerado como uno de los artistas más importantes de la segunda mitad de nuestro siglo, Lucio Muñoz (Madrid 1929-1998) desarrolló una obra muy personal cuya evolución podemos valorar ahora en las salas de la Fundación Santander Central Hispano de Madrid, en una muestra que reúne cincuenta obras pintadas entre 1950 y 1998.

A pesar de que en los comienzos Lucio Muñoz se interesó por la figuración, a mediados de los años cincuenta se inclinó por una estética informalista que configuró sobre formas elaboradas con madera o con papel, unos materiales rotos y pintados, a veces incluso quemados, que generaban distintas dibujos y relieves sobre las superficies. Su interés por la materia y por la abstracción tuvo su origen en un viaje a París, realizado en 1956, que resultó decisivo para su formaciòn pues le permitiò entrar en contacto con la obra de creadores como Dubuffet, Fautrier o Tapies. Este interés fue adoptando distintos tonos expresivos a lo largo de su vida creativa, y fue canalizándose mediante distintos lenguajes dentro de la abstracción.

Su obra, cargada de fuerza y de expresividad, a veces se nos muestra sencilla, otras barroca, por momentos aparece dramática y trágica, o se empapa de lirismo y suavidad. El hallazgo de la madera fue fundamental en el desarrollo de su trayectoria creativa, pues a partir de los años sesenta le sirvió como soporte para elaborar un arte trágico y oscuro, lo que provocó que se le valorara como el gran maestro del expresionismo abstracto. Un arte que sin embargo en los años setenta se decantó por un tipo de expresión muy extraña en el que la representación de paisajes, formas orgánicas y de imágenes fantásticas invaden mundos imaginarios.

Imaginación poética

En la década de los ochenta, su creación plasmó paisajes mucho más cercanos y humanizados, que le hicieron destacar como el pintor de la imaginación poética. Ya al final de su vida, en los años noventa y tras unos años volcado en la obra gráfica, desarrolló un trabajo mucho más sereno y equilibrado, con referencias y alusiones figurativas a la arquitectura. Lucio Muñoz volvió, en los últimos años de su trayectoria, a un tipo de representación más naturalista, donde el paisaje y la naturaleza se expresan con un gran sentido poético.

En la selección de las obras expuestas han colaborado el pintor Antonio López y el escultor Julio López Hernández, miembros de la denominada "Escuela de Madrid" y grandes amigos de Lucio Muñoz. La exposición es la primera retrospectiva que se celebra tras la muerte del artista, en mayo del pasado año.


Una muestra recoge cincuenta obras de este artista madrileño
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