Un escritor excéntrico e inclasificable

Madrid. ANGEL VIVAS
Se acerca la Feria del Libro que, con todos los respetos (cualquier ocasión de defensa y promoción del libro es intrínsecamente defendible), es, en cierto modo, una feria de las vanidades. Los autores más conocidos firmarán cientos de ejemplares, y, al final, se establecerá la clásica lista de más vendidos; lista que, en la edición del año pasado, resultó polémica. Firmas, best sellers, cifras de ventas, componen una cara del negocio editorial. Pero junto

a todo ese aspecto de escaparate está la literatura a secas, el placer de leer, los autores que quizá no vendan miles de ejemplares pero que sobrevivirán. Por oposición, la Feria nos brinda una ocasión para reflexionar sobre autores minoritarios y olvidados, pero no menos valiosos que los más populares del momento.

Desde hace unos años, la Fundación Central Hispano viene acometiendo la encomiable tarea de rescatar del olvido a autores hispánicos, vivos o muertos, olvidados o que no atraviesan su mejor momento de popularidad; autores siempre interesantes cuya obra es de difícil localización para los lectores. Así, ha publicado, entre otros, a Gastón Baquero, José García Nieto, Eugenio Noel o José Gutiérrez-Solana. Le llega ahora el turno a Silverio Lanza, un madrileño que vivió entre finales del siglo pasado y principios de éste, y publicó ocho novelas y cinco libros de cuentos, aunque en su caso las fronteras entre los géneros son bastante difusas.

Si la postergación de algunos de los autores de esta colección puede tener que ver con las modas, Silverio Lanza fue lo que, desde Rubén Darío, se conoce como un raro, un autor excéntrico que procuró difuminar o mistificar sus datos personales, empezando por su nombre (el verdadero era Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa) y siguiendo por los presuntos detalles autobiográficos que deslizaba en sus novelas, que publicó en imprentas marginales y cuyos libros se vendían apenas por decenas. Su carácter ferozmente individualista y su oposición radical a los poderes establecidos, desde la Iglesia al Ejército, pasando por el funcionariado o el caciquismo de la Restauración, tampoco ayudaron a la difusión de su obra.

Por si lo anterior fuera poco, he aquí la declaración que estampó al final de su novela La rendición de Santiago: "Prohíbo solemnemente la impresión de mis manuscritos y la reproducción de mis obras impresas. Prohíbo que a costa de mi muerte se busque notoriedad, con entierros fastuosos, coronitas, veladas pseudo-literarias, necrologías mentirosas...". Como escribe José Manuel de Prada, prologuista de esta edición, "pocas veces la posteridad ha acatado con tan implacable respeto los designios de un literato". Los intentos de Gómez de la Serna por rasgar el velo de silencio que enseguida envolvió a Silverio Lanza fueron también infructuosos.

Precursor del 98

Sólo en los albores de la generación del 98, tuvo Lanza algún reconocimiento. Los jóvenes escritores que entonces empezaban a afirmarse encontraron en su insobornable inconformismo un precedente de sus preocupaciones patrióticas. Salvo ese momento, Silverio Lanza ha sido casi un autor clandestino, admirado, eso sí, por una escasa tribu de conocedores. Es de esperar que esta edición en dos volúmenes que recoge sus ocho novelas, contribuya a acercarle al gran público. Dentro de su acusada personalidad, Lanza es un buen representante de la literatura española de entre siglos, prenoventayochista, asilvestrada y, por tanto, cercana a la de los bohemios de los que fue cabeza de fila Alejandro Sawa (el Max Estrella de Valle-Inclán), aunque tampoco con los bohemios -no podía ser de otro modo- llegara congeniar el irreductible Silverio Lanza.

Artuña, La rendición de Santiago, Mala cuna y mala fosa, Noticias biográficas acerca del Excmo. Sr. Marqués del Mantillo, Ni en la vida ni en la muerte, Desde la quilla hasta el tope, Los gusanos y Medicina rústica, son los ocho títulos ahora recuperados. Como hombre que tuvo un pie en el siglo XIX y otro en el XX, su literatura se nutre, por un lado, de las técnicas del folletín, y por otro incorpora otras más modernas y audaces. Una mezcla que aumenta el carácter especial de Silverio Lanza. Esta es una excelente ocasión para acercarse a su obra, relegada durante tanto tiempo.

 


La Fundación Central Hispano rescata
del olvido
la obra de Silverio Lanza
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