Construir un reloj de sol implica la adquisición
de unos conocimientos astronómicos que
difícilmente
se olvidarán.
(Fotos:
O. García)
Cuando el sol nos da la hora
El centro de Educación Secundaria vallisoletano "Leopoldo Cano" lleva a cabo una actividad que ayuda a los alumnos a entender el universo: la astronomía. El trabajo se dirige a la construcción de relojes de sol, labor que aporta el necesario complemento práctico en el aula y el manejo de conocimientos teóricos
sobre astronomía.

Valladolid. ORLANDO GARCIA
El sol, las estrellas, las constelaciones, las galaxias, todas ellas palabras mágicas para cualquiera pero más aún para un alumno de Secundaria. Sin embargo, son las ensoñaciones y el sentimiento los términos que se suelen asociar a todo lo relacionado con una de las ciencias más antiguas que se conocen: la astronomía. En el instituto "Leopoldo Cano" de Valladolid, los alumnos y alumnas cuentan con la posibilidad de conocer los misterios elementales de una disciplina que apasiona a quien se adentra en ella.

La profesora de matemáticas y estudiosa de la astronomía, Angeles Pérez, se encarga de llevar a buen puerto un propósito en el que se han volcado también la directora, Amparo Andrés, y la responsable de actividades extraescolares, Evangelina Alvarez. Angeles apunta la necesidad de que la clase ofrezca a los jóvenes no sólo los conocimientos teóricos sino una serie de actividades prácticas que les ayuden a comprender la utilidad de esta ciencia. En este caso han optado por hacer comprender a los chavales las técnicas adecuadas para construir un reloj de sol y que puedan de esta forma conocer la hora sin necesidad de llevar atada a la muñeca con algún artilugio suizo o japonés.

Observación y manipulación

La docente responsable de la materia pretende potenciar las capacidades de observación y manipulación de materiales en los jóvenes a los que imparte clase aplicando los conocimientos adquiridos durante su formación precedente, en la que han estudiado conceptos como la latitud y colatitud de un lugar, el ecuador, el eje de rotación terrestre, el polo norte celeste, la altura del sol sobre el horizonte y los movimientos aparentes del sol.

Otro de los objetivos que apunta Angeles se refiere a la potenciación del trabajo en grupo y a la necesidad de que compartan sus conclusiones con el resto de los compañeros. Esta actitud deviene en muchas ocasiones en preguntas a la propia profesora para que les responda a la duda planteada, pero esta acción tiene lugar después de haberse producido un intercambio de pareceres entre los componentes del grupo.

Asimismo, se pretende que el alumno valore y utilice los conocimientos astronómicos en la vida cotidiana de tal forma que comprenda en su globalidad el lugar en el que le ha tocado vivir. De este modo, será capaz de analizar el movimiento aparente del sol a lo largo del día y en diferentes estaciones del año y que deduzca sus consecuencias. Además, el alumno sabrá aplicar correctamente la latitud para la realización de la práctica correspondiente. Igualmente analizará las diferencias en la construcción y orientación de los cuadrantes solares en las diferentes latitudes, como son el Polo Norte, el Ecuador el Trópico de Capricornio o el Círculo Polar Artico.

Lo que hago, lo sé

La importancia que se concede a la práctica de las actividades en esta materia viene ejemplificado por un proverbio chino que Angeles Pérez relata con detenimiento: "Lo que oigo lo olvido, lo que veo lo recuerdo, más lo que hago lo sé". La construcción de relojes solares responde a la aplicación de este lema en tres trabajos por separado. En primer lugar, el cuadrante ecuatorial; más adelante el horizontal, y por último, el vertical orientado.

Los alumnos trabajan en pequeños grupos de dos o tres personas con el fin de facilitar el contacto y la comunicación evitando el choque de intervenciones entre ellos. Entre los propios grupos se intercambian también los conocimientos para la realización de construcciones ayudadas por la profesora, que les facilita los datos y el material necesario para la consecución de los objetivos propuestos.

"Cuando ellos comprueban que son capaces de construir con sus propias manos un utensilio que más adelante les sirve para explicar fenómenos hasta ese momento inalcanzables, el interés y la motivación se les despierta sin necesidad de hacer grandes esfuerzos", comenta Angeles Pérez.

Los materiales para el desarrollo de esta actividad se limitan a un bloque de madera contrachapada de forma cuadrangular y longitud arbitraria, una varilla de veinte centímetros de largo y medio de grosor, papel, regla, escuadra o cartabón, compás y transportador de ángulos, pegamento, tijeras, taladro y brújula. De esta forma, pueden comprender que el sol está debajo del plano ecuatorial en otoño-invierno cuando la sombra de la varilla se proyecta en la cara inferior, o que en primavera-verano el sol está por encima del plano ecuatorial e ilumina la cara superior. Este reloj tendrá una limitación si hablamos del cuadrante ecuatorial: no funciona cuando el sol está en el ecuador celeste, es decir, cuando se encuentra en uno de los dos equinoccios.

En definitiva, toda una experiencia que ayudará a más de uno a quedarse contemplando las estrellas por la noche aplicando con la imaginación los conocimientos adquiridos.

 


Alumnos de un instituto vallisoletano construyen relojes de sol como complemento práctico a su formación en astronomía
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