Paisajes
interiores

El Museo Reina Sofía
acoge en Madrid
una muestra
antológica del
pintor chileno
Roberto Matta

Roberto Matta (Santiago, 1911) es un artista poco conocido en España y uno de los últimos representantes vivos del movimiento surrealista. El Museo Reina Sofía de Madrid dedica a este creador chileno una exposición antológica en la

que, a través de más de 40 trabajos realizados sobre papel y más de 70 sobre tela (elaborados entre 1938 y 1998), nos acercamos a un artista complejo, considerado como uno de los pintores más destacados y vanguardistas de
nuestro siglo
 

 

 

Madrid. PILAR BRAVO
"...El arte sirve para provocar la intuición de la emoción latente en todo lo que nos rodea y para mostrar la arquitectura emocional que la gente necesita para existir y vivir juntos". En estas palabras, escritas por Matta en 1954, se resume una de las características fundamentales de su trabajo: el abordar la pintura como un conjunto de signos, o de morfologías psicológicas. Así denominó precisamente a las primeras pinturas surrealistas que realizó, también conocidas como "paisajes interiores" en las que representó imágenes del inconsciente mediante técnicas de composición automáticas.
En estos iniciales trabajos su forma de pintar consistía en frotar con un trapo distintas manchas de color. Sobre las superficies obtenidas dibujaba con el pincel, o directamente con el tubo, una serie de formas abstractas, raras y envueltas en un vertiginoso movimiento, que recuerdan imágenes de todo tipo, pero en especial de insectos o animales microscópicos. Hasta llegar a estos primeros trabajos, Matta vivió una intensa trayectoria formativa y personal. Tras concluir sus estudios de arquitectura, viajó a París donde trabajó en el estudio de Le Corbusier, y a Italia, Rusia y España, donde conoció a Federico García Lorca, y a través de éste a Salvador Dalí. Fue precisamente Dalí quién le introdujo en el ambiente de los surrealistas, en el que primero se relacionó con Breton, incorporándose más tarde de lleno a este movimiento junto a Yves Tanguy y Onslow Ford. Su aportación a la estética surrealista radicó en la práctica de un tipo de composición automática.
A principios de los años cuarenta, sus cuadros experimentaron un mayor movimiento, un dinamismo frenético, que se plasmó en composiciones cargadas de formas orgánicas y de elementos mecánicos, que parecen flotar en un cosmos que aporta unidad a la obra. y que plasman la actitud un tanto mística del artista. Con el paso de los años la geometría fue ganando cada vez más terreno en su obra. Matta llegó a incluir planos geométricos que recuerdan al Cubismo, y que les sirvieron para contraponer la soledad y el aislamiento del hombre frente a una sociedad mecanizada y empapada de tecnología.
A mediados de la década de los cuarenta, la figura humana reapareció en sus cuadros, compartiendo el espacio pictórico con la representación de unas máquinas que adoptan en muchos caso la apariencia de las imágenes de un cómic. Seres y máquinas conviven en los lienzos sin relacionarse entre sí, e invaden las superficies pictóricas en unas composiciones que a medida que fueron pasando los años adoptaron un tono más expresionista y delicado.

Compromiso social

Una de las características fundamentales del arte de Matta es la de haber permanecido fiel al compromiso social. Los acontecimientos políticos e históricos han nutrido su trabajo, y en este sentido ha sabido aportar respuestas y desafíos plásticos a muchos de los episodios de los que ha sido testigo, como la Guerra de Vietnam, o la guerra de Argelia. Hizo lienzos enormes, del tamaño de murales sobre estos temas, y durante los años sesenta su trabajo adoptó un marcado tono político. En 1968 pintó en Cuba "para que la libertad no se convierta en estatua" y en el Chile de Allende.
En los años setenta, volvió al tipo de pintura cósmica y apocalíptica que caracteriza su trayectoria creativa, con objetivos a veces muy pensados: "....un intento por representar al hombre vivo como un sistema solar con varios soles (sexo, inteligencia, amor, espíritu, karma) todos los cuales en diferentes momentos de la vida cambian o se transfieren la luz central entre sí...". En los últimos años, su trabajo se ha identificado por una exaltación de la libertad del hombre, un hombre que concibe con grandes poderes pero que es todavía incompleto, aunque puede ambicionar a su unión carnal con el Universo.
Como el propio artista ha señalado, "en arte, nuestra arma es la sensualidad, la sensualidad definida como forma verdadera de conocimiento del mundo". Precisamente en su obra, todavía hoy, se trata de aunar el cuerpo erótico, el espacio y el cosmos

En la foto superior, "La terre et ses oignons"
(1994); a la izquierda
"Sin título"
y a la derecha "The Onyx of Electra"
(1944)

 

 

 
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