Un paso más en la búsqueda
del "eslabón perdido" entre
el hombre y el mono

Los restos fósiles de homínidos encontrados en Etiopía ayudan aún más al conocimiento de la evolución de los seres vivos más desarrollados

El descubrimiento, en Etiopía, de unos restos fósiles cuya antigüedad se mide en dos millones y medio de años, parece ayudar a completar, en gran medida, la historia de los antecedentes más cercanos del hombre. La publicación, en la prestigiosa revista Science, de las investigaciones llevadas a cabo con estos fósiles, así como de las conclusiones obtenidas, han tenido un gran eco en la comunidad científica internacional y han dado la vuelta a la Tierra, atrayendo también el interés de los ciudadanos no especializados

Junto a un paleóntologo en pleno trabajo de campo, la reproducción de un esqueleto del hombre del Neardental recuerda que las investigaciones del ADN demuestran que este no fue el antecesor del homo sapiens, sino que se extinguió.
(Foto: EFE)

MadridALFONSO PEZUELA
Desde las teorías evolucionistas de Darwin, los paleontólogos han buscado "el eslabón perdido". En la realidad, la expresión se trata sólo de una metáfora, por otra parte, para muchos, afortunada. Lo que buscan estos científicos podría definirse, de una manera simplificada, como los restos fósiles del antecesor del hombre, a mitad del camino de la evolución que hizo que los descendientes del mono llegaran a convertirse en el "homo sapiens", la especie que se ha prolongado hasta nuestros días y a la que pertenecemos.
La realidad, también, es que no existe un sólo "eslabón perdido" en esta evolución, sino que la cadena que lleva a ella cuenta con muchos elementos. El paso del simio al "homo sapiens" no fue tanto cuestión de un "salto", sino de unos cambios paulatinos, producidos a lo largo de millones de años.
Dentro de ello, muchos especialistas tampoco descartan que se hayan producido saltos bruscos, en aspectos parciales, como consecuencia, por ejemplo, de cambios o mutaciones genéticas. La aceptación de que ambas hipótesis hayan podido darse, de hecho, de una manera paralela, parece la teoría más aceptada actualmente.
En cualquier caso, con el descubrimiento de nuevos yacimientos, excavación tras excavación, hallazgo tras hallazgo, investigación tras investigación, pieza a pieza, los paleontólogos están cada vez más cerca de recomponer el misterio de esos "eslabones perdidos".
Una búsqueda que emprendieron hace ya muchos años, sin estar seguros de si se trataba únicamente de una quimera. Así, y volviendo al reino de la metáfora, los investigadores han hablado frecuentemente del "eslabón perdido" como de uno de los "Santo Grial" de la ciencia contemporánea, queriendo dar a entender con ello que se trata uno de los grandes y más fundamentales descubrimientos que le quedan por hacer a la ciencia. Y un Santo Grial al que se alude en recuerdo del cáliz que utilizó Jesuscristo en la última cena y que buscaban, con gran ideal, los Caballeros de la Tabla Redonda, dentro de los mitos y las leyendas de la Corte del Rey Arturo.

Cuarenta científicos

Los restos fósiles cuya existencia se ha revelado ahora fueron descubiertos entre 1996 y 1998. Los autores: un equipo de 40 científicos, dirigidos por Tim White, de la Universidad de Berkeley, en California, y el etíope Berhane Asfaw. El lugar: la región del Medio Awash, en Etiopía. Esta es una zona de la Tierra formada hoy por un desierto hóstil, en el que resulta difícil la mera subsistencia y en el que, a pesar de ello, vive el pueblo Afur.
Sin embargo, y según los investigadores, hace dos millones de años y medio, allí había vegetación, un lago, numerosos animales, y unos homínidos. Los restos fósiles dejados por estos seres vivos han empezado a ser descubiertos ahora.
Para los investigadores, entre las particularidades más interesantes del hallazgo, se encuentran la unión de caracteres simiescos, como son los brazos cortos, con otros más cercanos a los de los humanos, como son los miembros inferiores largos; además, los rasgos de sus dentaduras se acercan más a los del hombre que a los del mono; y, por último, aquellos lejanos homínidos parecen ser también los primeros seres vivos que utilizaron instrumentos de piedra para romper los huesos, descarnar y trocear los animales que cazaban y de los que se alimentaban.

Especie desconocida

Tras de estas comprobaciones, los paleontólogos llegaron a la conclusión de que se podía hablar del descubrimiento de una especie desconocida, y la bautizaron con el nombre de Australopithecus garhi. Garhi es una palabra etiópe que significa "sorpresa". Y con su inclusión en el nombre de la nueva especie quisieron tanto aludir a la sorpresa que el descubrimiento les causó, como a que este se produjo en Etiopía.
Junto a los restos del homínido Australopithecus garhi se han encontrado igualmente fósiles de animales en los que aparecen huellas de haber sido descarnados con instrumentos de piedra y sus huesos fracturados con el mismo sistema, para absorber una sustancia de tanto valor nutritivo y tan apreciada como el tuétano.
De cualquier modo, el equipo de paleontólogos que trabaja en el desierto etíope de Medio Awash reconoce que no puede asegurar que fueron los Australopithecus garhi quienes mataron a los animales, aunque parece lo más probable, dado que los restos fósiles de unos y otros se encuentran en la misma zona.
Y, en general, la paleontólogía se enfrenta desde hace tiempo con una gran duda. Cada vez se descubren especies más cercanas al hombre y con mayores cualificaciones para ser considerados como nuestro antepasado directo o el más directo. Pero, de muchas de estas especies se sabe ya que se extiguieron. ¿Cuál, o cuales, fueron las que evolucionaron hasta convertirse en el "homo sapiens". ¿La conocemos, o las conocemos ya, o sus restos fósiles, de existir, están por descubrir y por identificar?
La respuesta a estas preguntas, de llegar a encontrarse con suficientes garantías científicas, sólo puede traérla el futuro de una ciencia, la paleontología, que ha avanzado como pocas, y con pasos de gigante, en los últimos cincuenta años

 

 

 
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