El ejercicio físico
protege
frente al infarto,
la obesidad
y la osteoporosis, entre otros beneficios para
la salud

Un monitor
anima a más de
un millar de personas, durante
la celebración
de un marathon
de aerobic
en un barrio
de Madrid. (Foto: Efe)

El ejercicio físico es capaz de anular los riesgos de infarto en personas predispuestas genéticamente y que, además, fuman. Esta es una de las conclusiones preliminares de un informe realizado por el Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM) de Barcelona. Además, la actividad física, aunque sea moderada, también sirve para mejorar la función respiratoria,
la calidad de los huesos, reducir el peso y liberar el estrés
.

Madrid. JUAN MANUEL BARBERÁ
Correr diez minutos dos veces por semana podría servir para evitar el riesgo de infarto de miocardio en personas con alteraciones genéticas específicas y fumadores, según una investigación realizada por el Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM) de Barcelona. Estos expertos han analizado -y siguen en ello- los datos provenientes del estudio REGICOR, desarrollado entre 1978 y 1998 con el objetivo de evaluar el riesgo de infarto de miocardio en una muestra de la población de Gerona.

El dato que llamó la atención a los expertos del IMIM fue que esta población, con una tasa de infartos de miocardio muy inferior a los países del norte de Europa, poseía unos hábitos de vida y unos factores de riesgo iguales o superiores a aquellos; es decir, colesterol elevado e hipertensión arterial. Un análisis exhaustivo de los datos ha llevado a la conclusión que el ejercicio físico es el responsable de la prevención del riesgo, no sólo porque aumenta la fracción de colesterol buena o protectora (las HDL), sino porque las personas que genéticamente poseían un gen relacionado con el aumento del colesterol alterado y además fumaban, si hacían ejercicio físico veían reducir su riesgo de infarto casi a cero.

Sólo por esta noticia merecería la pena hacer ejercicio físico, y ahora que comienza, como todos los años, una loca carrera para mejorar el cuerpo, valdría la pena ponerse a ello. Porque aparte de que el verano y el traje de baño estén al acecho y debido a ello florezcan los deportistas "de parque", las raciones de abdominales y las dietas de adelgazamiento, lo cierto es que estamos asistiendo a toda una oleada de ensayos clínicos empeñados en demostrar lo que todo el mundo intuía: que el ejercicio físico moderado, sea cuál sea, es bueno para la salud.

Mujeres menopaúsicas

Por ejemplo, otro estudio realizado por el Colegio Americano de Medicina Deportiva ha concluído que 20 minutos de ejercicio aeróbico al día - pasear, por ejemplo- en mujeres menopáusicas, no sólo contribuye a prevenir la osteoporosis, sino que también es beneficioso para mejorar la circulación sanguínea y para desentumecer los músculos, compensando, en parte, los perjuicios que la pérdida de estrógenos ocasiona a las mujeres tras la menopausia.

Aparte de amortiguar el choque cardiovascular que sufre la mujer tras la pérdida hormonal de la menopausia, los expertos firmantes del estudio afirman que el deporte también sirve para afrontar de mejor grado los cambios físicos y psicológicos que se plantean en esta etapa de la vida de las mujeres. De manera que mantenerse ocupadas en estos menesteres pueden compensar muchos problemas de ansiedad y mitigar el riesgo de depresiones.

Pero la avalancha de estudios que avalan la práctica deportiva como una de las mejores fórmulas para proteger la salud -medicina basada en la evidencia lo llaman ahora- no acaba con las mujeres menopáusicas o los fumadores con alteraciones genéticas y colesterol elevado; también las personas con sobrepeso se pueden beneficiar de la actividad física. Pero lo que debe quedar claro es que no todo el mundo tiene por qué ir al gimnasio o pasarse la vida haciendo su propio maratón. Se trata de hacer ejercicio físico moderado: algo que puede ser tan sencillo como pasear, o subir las escaleras del piso en lugar de tomar el ascensor. Otros ejemplos de actividad aeróbica son: caminar deprisa, nadar, montar en bicicleta, correr, subir escaleras o bailar .

Vida sedentaria

En esta misma línea, ya existen varios trabajos, los dos últimos publicados en la revista de la Asociación Médica Americana (JAMA), que revelan cómo la adición de ejercicio físico a una dieta saludable ayudan a mantener el peso o a adelgazar ligeramente. Como señala el endocrinólogo del hospital Ramón y Cajal de Madrid, Rafael García Robles, Además de seguir ciertas normas alimentarias, debemos incrementar nuestra actividad física. Si somos sedentarios, la realización de ejercicio físico moderado debe ser progresivo y mantenido. Andando deprisa, por ejemplo, se queman más calorías que corriendo al trote y , y en todo caso, podemos saber que el ejercicio realizado está haciendo efecto si nuestras pulsaciones cardíacas superan en un 15 % a las que tenemos en reposo. Además el ejercicio físico favorece el paso de grasas a proteínas, incrementa la adhesión de la persona a las normas alimentarias y aumenta la sensación de confortabilidad, parece que a través del estímulo de las endorfinas; uno de los neurotransmisores implicados en la sensación de placer.

Además, si se pretende eliminar barriga no basta con hacer abdominales, es necesario correr; subir y bajar escaleras es lo mejor para endurecer glúteos y piernas, y, en todo caso, la actividad física es fundamental para no quedarse "fofo" después de adelgazar.

En todo caso, la actividad física es beneficiosa porque:
•Mejora la función cardio respiratoria
•Ayuda a dormir, siempre que se realice seis horas antes de irse a la cama (correr eleva el calor corporal, lo que despierta al cuerpo y produce más insomnio del que se quiere evitar)
•Mejora la formación de los huesos
•Mejora la rotación de músculos y articulaciones
•Evita depresiones
•Elimina estrés y ansiedad
•Disminuye las ganas de tomar alcohol y fumar
•Mejora la capacidad y la libido sexuales

 

 
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