De la tolerancia a la interculturalidad
Un proceso educativo en torno a la diferencia

El presente trabajo nos ofrece un conjunto de instrumentos que pueden utilizarse en distintos ámbitos educativos –pero especialmente en el aula- para promover valores muy específicos. La variedad de recursos metodológicos constituye a lo largo de sus páginas un instrumento importante para estimular y potenciar los aprendizajes.

La primera parte del libro se dedica a exponer los fundamentos éticos, políticos y sociológicos que justifican y orientan las acciones educativas dirigidas a fomentar la tolerancia y la solidaridad. En el segundo apartado del texto se aportan un conjunto de instrumentos operativos y metodológicos para el proceso de aprendizaje de los valores, que permiten superar la frontera tradicional –que a veces se convierte en distancia abismal- entre retórica didáctica y práctica pedagógica.

El libro es el resultado de una colaboración armoniosa y equilibrada entre sus dos autores, acreditados por una larga experiencia docente y un riguroso trabajo de investigación. Su línea pedagógica es profundamente innovadora y enraizada en los planteamientos más actuales de la educación en valores. A veces el texto resulta excesivamente discursivo y un poco enfático, pero es de gran fluidez expositiva y aporta un valioso repertorio de ideas y de referencias textuales. El apartado de fundamentación está impregnado de la filosofía personalista –de Mounier y sus seguidores-, lo que le otorga una penetrante luminosidad. El tratamiento de la razón dialógica, el cuadro sintético sobre los derechos humanos (p. 61) y otros similares (p. 74), los subrayados en el texto que ayudan a la lectura, la amplia y escogida selección bibliográfica con indicación de los contenidos…son, entre otros, aciertos particularmente relevantes que el libro ofrece.

Los modelos y materiales que presenta están muy elaborados, y el repertorio de técnicas y de recursos se explica en el texto con toda precisión. El conjunto es un libro valioso y aprovechable tanto en su dimensión teórica como práctica.

Santiago S. Torrado

 
Luis A. Aranguren y Pedro Sáez. Prólogo de Juan Carlos Tedesco. Editorial Anaya, Madrid, 1999, 246 páginas.
   
   
   

Bases teóricas de
la evaluación educativa

El texto que hoy comentamos contiene una recopilación de los contenidos básicos que deben manejar alumnos de las diferentes especialidades de Pedagogía y profesionales interesados en la evaluación educativa. Adopta, por tanto, el estilo de un manual que, partiendo de que existe una carencia de conceptos y conocimientos específicos sobre la evaluación, pretende fundamentar las aplicaciones de distintos instrumentos en las prácticas evaluativas; para ello recopila aportaciones de diferentes autores y las organiza con un doble eje: la mejor comprensión de la práctica y su interpretación según los diferentes modelos curriculares. De este modo, la evaluación es considerada como uno de los componentes del currículum.

El trabajo está organizado en cinco capítulos que se completan con un anexo sobre legislación en evaluación educativa. El primer capítulo está dedicado a la delimitación y la evolución del concepto de evaluación a partir de la Ley General de Educación de 1970. La actual amplitud de este término, que abarca desde la totalidad del sistema educativo a la valoración de cada uno de los componentes del proceso de enseñanza-aprendizaje, lleva al autor a analizar diferentes descripciones, según el ámbito, el modo y la finalidad con que se lleve a cabo la evaluación. El lector encontrará aquí definiciones de términos tan afines como, apreciar, informar, investigar, emitir juicios, medir, valorar, examinar, calificar..., pudiendo obtener una primera, aunque somera, aproximación a sus diferencias en cuanto a valores, juicios y toma de decisiones.

Los capítulos dos y tres se acercan más a la práctica de la evaluación educativa. En el segundo encontramos una clasificación bastante exhaustiva de las diferentes formas que adopta la evaluación según su finalidad: inicial, diagnóstica, formativa, sumativa; según los sujetos agentes y/o destinatarios: formal/informal, autoevaluación/heteroevaluación, interna/externa, individual/grupal y, por último según los referentes: normativa o criterial y la representación de resultados: cuantitativa /cualitativa.

El tercer capítulo aborda los instrumentos de evaluación de alumnos. Es la parte más débil del libro, en primer lugar por esta reducción que, de nuevo, aporta herramientas sólo para evaluar al alumnado, olvidando la amplitud del concepto referida en el capítulo I; en segundo lugar, porque la definición que hace de las funciones de los instrumentos de evaluación nos llevaría a confundirlos con la misma evaluación y, en tercer lugar, porque se limita a enumerar síntesis de lo aportado por diferentes autores, mezclando muy diversas tendencias sin ninguna consideración al respecto. La parte más rica del capítulo son las reflexiones, fruto de una investigación del autor, sobre las diferentes técnicas empleadas por profesorado de Primaria y ESO en distintas áreas disciplinares.

En el capítulo cuatro se tratan diferentes modelos representativos de la evaluación. En él pueden apreciarse diferentes tendencias, si bien se echa de menos alguna referencia a la evolución histórica y la aplicabilidad, es decir, mayor conexión con lo tratado en anteriores capítulos. En el quinto y último se nos presentan los principales problemas de la actual evaluación educativa, bien clasificados en aspectos éticos, político-económicos, personales, sociales y técnicos. En general, aunque de contenidos desiguales, el libro nos pone en contacto con los principales aspectos del tema y con bastantes de los autores que lo trataron, aunque no nos da criterios para evaluarlos.

María Josefa Cabello Martínez

 
Juan José Monedero. Ediciones Aljibe. Archidona (Málaga) 1998, 141 páginas.