ROMEU
 
   

Evaluar: algo más que acreditar

(...) Reflexionar acerca de cómo mejorar la evaluación en una institución escolar supone, ante todo plantearse para que tendría que servir el evaluar; preguntarse sobre las funciones de la evaluación. Cuando hemos trabajado esta cuestión previa y fundamental con profesores y profesoras, en última instancia hemos llegado a la conclusión de que evaluar sirve para acreditar el nivel de aprendizaje adquirido por el alumnado de cara a otorgarle un título o no, o a decidir su promoción o su permanencia en un ciclo o nivel), pero que, sin duda, debe servir asimismo para ayudar a mejorar el proceso de aprendizaje de alumnas y alumnos y, para ello, también debe ser útil para mejorar la enseñanza (curriculum, intervención docente, selección y uso de materiales (...)

Se trata de una concepción de la evaluación como un proceso constituido por tres fases: recogida de información, análisis y toma de decisiones. Diferenciar entre las dos primeras fases ayuda a incidir en la importancia de plantearse que información se recogerá, y quien, cuando y como lo hará; y quien, cuando y como lo analizará. La tercera fase sitúa la toma de decisiones a partir de las conclusiones de análisis como una parte fundamental del propio proceso: el evaluar cobra pleno sentido cuando sirve para tomar decisiones tendentes a mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Si no culminamos las tres fases del proceso, haremos un uso incompleto de la evaluación y, quizás, estaremos utilizándola para otras funciones que desvirtúan su sentido real y su potencialidad educativa (por ejemplo, cuando convertimos la capacidad de evaluar que tiene el profesor o la profesora en un instrumento amenazador para imponer la disciplina en el aula).

Cualquier decisión didáctica sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje debería sustentarse en dos referentes básicos: las intenciones educativas y las bases psicopedagógicas. La manera de enseñar y de evaluar tiene que ser coherente con aquello que pretendemos enseñar y, a la vez, con las características del contexto donde se desarrollará la acción educativa y con las concepciones sumidas sobre cómo se produce el proceso de aprendizaje. A partir de aquellos dos referentes, habrá que preguntarse que evaluaremos, en que momentos y mediante que instrumentos (...)

Nuria Giné/ Artur Parcerisa.
"AULA de innovación educativa", marzo 1999

 
   

   

 

 

 

La cuarta parte de los escolares provoca
o sufre actos violentos

La escuela es un observatorio privilegiado de los comportamientos violentos de los adolescentes y entre los educadores crece la preocupación por el fenómeno de los abusos entre compañeros. Se trata de actos de violencia especialmente frecuentes entre los 10 y los 14 años y que afectan de modo habitual a uno de cada cuatro escolares, aunque sólo el 3% de los casos se consideran graves, según datos del Defensor del Menor de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Sociólogos y psicólogos relativizan el valor de la percepción colectiva que detecta un alarmante aumentos de los comportamientos violentos en los adolescentes de hoy con respecto a generaciones anteriores. Sin embargo, algunos expertos advierten de la necesidad de tomar medidas preventivas ante los alarmantes ejemplos que llegan de países culturalmente próximos, como Estados Unidos y, sobre todo, el Reino Unido, donde a la difícil convivencia en algunas escuelas se han unido graves crímenes protagonizados por menores para crear un clima de verdadera alarma social.

Desde el Ministerio de Educación se considera que los actos violentos en el ámbito de la escuela constituyen un "problema incipiente en España", pero se reconoce que las acciones que alteran la buena convivencia en los centros se empiezan a registrar con "cierta frecuencia".

Carmen González, Jefa del Gabinete técnico del Defensor del Menor, señala la necesidad de coordinación entre profesores y padres para desarrollar una verdadera educación en valores que, a su juicio, es la clave para atajar el problema. Advierte además de que, si la escuela no es capaz de recuperar a aquellos alumnos a los que el fracaso académico va dejando descolgados, el aumento de la edad de escolarización obligatoria hasta 16 años redundará en un aumento de los problemas de convivencia. (...)

Anxo Carracedo.
"EL MUNDO". 30 marzo 1999.

   
       
   

Francia quiere involucrar en la educación a ayuntamientos y familias

La educación no es sólo el patrimonio de la escuela, sino una responsabilidad compartida por el conjunto de los adultos. La idea no es nueva. Trata de abrirse su camino desde hace una veintena de años sin, no obstante, encontrar una traducción sobre el conjunto del territorio. Imponerla en los barrios más desfavorecidos es el objetivo delegado por el ministerio a los ayuntamientos, al que corresponde el papel de forzar el paso de la teoría a la práctica, debido a la urgencia social.

Una selección de docentes, asociaciones, inspectores de academias, responsables municipales de la educación y de la politica del ayuntamiento, padres de alumnos, ministros (de la cultura, de la juventud, de los deportes, de la educación nacional, de la enseñanza escolar). Más de un millar de personas han participado también en Tours, en los "Encuentros nacionales de los actores de la educación", organizados por el ministerio de Claude Bartolone. Como clamor de fondo, "una conciencia común", para tomar la expresión de un rector, de que "la república no ha estado; completamente, a la altura de su ideal". Y una certitud: nadie, ninguna institución, ningún colectivo local, puede hacer frente, sólo, a las mutaciones sociales. Las familias no deben ser olvidadas.

"No se puede descargar sólo sobre la educación nacional toda la responsabilidad del acto educativo", ha remachado el ministro delegado a la villa, al constatar que "hasta ahora, las políticas educativas del ministerio de Educación nacional y las de la política de los ayuntamientos han sido construídas y llevadas a cabo sin coordinación real". Para Claude Bartolone, este tiempo ha terminado: "la hora del cambio ha sonado, para que la escuela trabaje con el ayuntamiento y recíprocamente"

Le Monde. 2-Abril-1999

   
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