Menos tensión, más vida

Acercar las cifras de tensión arterial de los hipertensos lo más posible a la población sana (135/85 mm/Hg.) es uno de los objetivos propuestos por la Organización Mundial
de la Salud (OMS), para evitar o reducir
el gran número de muertes por parada cardíaca e ingresos en diálisis
que se producen cada año por esta causa.
Las últimas investigaciones apoyan la
existencia de una relación entre los accidentes cardiovasculares
y alteraciones
de la tensión por encima de unos niveles normales. (Foto: Rafael Martínez)

Madrid. JUAN MANUEL BARBERA
El control de la tensión arterial por debajo de 83 mm/Hg. de diastólica reduce la mortalidad cardiovascular hasta en un 30 % y probablemente seis de cada diez diabéticos que deben entrar en programas de diálisis por insuficiencia renal grave no tendrían que hacerlo si el control de sus tensiones arteriales fuera aún más estricto (por debajo de 80 mm/Hg. ).

Estos datos vienen avalados por varios ensayos clínicos, uno de los cuales, el estudio HOT (Hypertension Optimal Treatment), han "abierto los ojos" a los expertos internacionales que se ocupan del estudio de este importante factor de riesgo, lo que ha propiciado la publicación de unas directrices o "guidelines" mundiales para el manejo de los hipertensos que fueron publicadas el pasado febrero. En ellas, no sólo se reflejan los cambios señalados en cuanto a definición de hipertensión arterial (HTA), sino también en cuanto a su tratamiento.

Por ejemplo, ha quedado demostrado que cuanto mejor controlado está el enfermo, menor número de lesiones secundarias se producen, y más protegidos se encuentran órganos diana como riñón, corazón y cerebro. Mención especial merecen los diabéticos, en los que las cifras de tensión no deberían superar los 130/80 mm/Hg., dado que se ha comprobado que no superar estos límites reduce en un gran porcentaje de casos la insuficiencia renal y los ingresos en unidades de diálisis.

Más hipertensos

Sin embargo, esta decisión ha aumentando aritméticamente el número de posibles "pacientes". De manera que si hasta ahora un 50 % de los hipertensos eran desconocidos y de los que sabían que lo eran, sólo la mitad estaban siendo tratados, las cifras de supuestos enfermos se va elevar mucho y el esfuerzo de identificación de los médicos se va atener que multiplicar.

Por eso, como recomendaron los expertos reunidos durante la IV Reunión Nacional sobre HTA, celebrada a primeros de marzo en Sevilla, es preceptivo que todos los médicos de atención primaria hagan una toma de tensión a cualquier paciente que acuda a consulta. Luego, si las circunstancias lo aconsejan, y las cifras son anormalmente altas, es necesario concertar nuevas citas para comprobar que esa tensión es real. A este respecto, recordemos que existe lo que se llama "hipertensión de bata blanca" y que no es más que una alteración de la tensión y el pulso en pacientes que "se ponen nerviosos" al ver al médico.

Incluso algunos especialistas, como el británico H.L. Elliot, piensan que las estadísticas sobre el número de hipertensos podrían estar involuntariamente hinchadas.

Otra cosa bien distinta es el control de la tensión. Un estudio realizado en España y coordinado por el doctor Coca (Estudio CONTROLPRESS 99) ha revelado que el número de pacientes con HTA que están controlados en España es del 16,3 %, aproximadamente lo mismo que en Canadá, pero tres veces más que en Gran Bretaña, como destaca este especialista. Sin embargo, este experto es optimista, puesto que "aunque las cosas van lentas hemos mejorado sensiblemente con respecto a las cifras de control de 1995, que apenas llegaban al 13 % de los pacientes que recibían tratamiento".

Aspectos importantes

Otros de los aspectos importantes de las "guidelines 1999" es que no distinguen entre pacientes. Como señala el actual presidente de la Sociedad Española de Hipertensión, José Luis Rodicio, "las nuevas directrices destacan que los niveles tensionales máximos (por debajo de 140 mm/Hg. de presión arterial sistólica y por debajo de 90 de tensión arterial diastólica) son aplicables a cualquier edad, por lo que los ancianos, en los que antes se permitían "licencias en la tensión" de 160/90 mm.Hg., ahora quedarán fuera de la normalidad"

En cuanto al tratamiento, y aunque se hace hincapié en la necesidad de mantener una dieta adecuada y hacer ejercicio físico regular -porque se ha mostrado eficaz para reducir la tensión y mejorar la frecuencia cardiaca-, las nuevas normas de conducta para la lucha contra la HTA reconocen que cualquiera de los fármacos disponibles (diuréticos, betabloqueantes, calcioantagonistas, inhibidores de la ECA y antagonistas de la angiotensina II (AIIA)) pueden ser utilizados como primera opción y que, si a pesar de esto, el paciente no está controlado, se recomiendan combinaciones terapéuticas.

Sin embargo, uno de los problemas con que cuenta el tratamiento de la HTA es que no suele producir síntomas apreciables en el enfermo, por eso se le ha llegado a llamar la epidemia silente. La consecuencia es que cuando se descubre un hipertenso y se le trata con fármacos, a veces estos tienen efectos secundarios más o menos importantes con lo que el paciente, al sentirse peor, abandona la terapia antes de tiempo. Por eso, una de las dificultades con los que cuenta el tratamiento de la HTA es el incumplimiento terapeútico, pero no el único. Según varios estudios clínicos, los médicos también son muy reacios a cambiar de tratamiento a sus enfermos, incluso cuando estos no están siendo bien controlados.

Para solucionar los aspectos de la adherencia al tratamiento, los expertos recomiendan cumplir las llamadas medidas higiénico-dietéticas y utilizar los fármacos más eficaces, cómodos de administrar y con menores efectos secundarios. A este respecto, cabe decir que los antihipertensivos mejor tolerados (producen una adherencia al tratamiento en más del 64 % de los pacientes), son los más modernos; es decir, los antagonistas de la angiotensina II (AIIA) que además se muestran eficaces en todo tipo de hipertensiones y son cómodos de administrar ya que consiguen resultados con una sola dosis al día.


La OMS publica un documento que demuestra como el control de la tensión reduce en
un 30 % la mortalidad por accidentes cardio-
vasculares
arriba