En busca del fuego y del pasado

El Museo de las Encartaciones, en Vizcaya, oferta a los escolares un Taller de Prehistoria

   
 
 

Los escolares realizan en este Museo la experiencia de pintar con los mismos materiales utilizados entonces (Foto: Esteban Nieto)

   

Lo primero que se encuentran los grupos de escolares que visitan el Museo de las Encartaciones para participar en su Taller de Prehistoria es una gran maqueta de esta comarca, situada al oeste de Bizkaia, entre los montes de Ordunte y el Cantábrico. Y en ella, señalados con lucecitas rojas que se encienden cuando se aprieta un botón, los numerosos puntos de la zona en los que, gracias al trabajo arqueológico, se han encontrado elementos prehistóricos.

   
   

Bilbao. MARISA GUTIERREZ
En cada uno de esos lugares marcados, tal como explica una de las monitoras del Museo a los visitantes, hace miles de años, tanto tiempo que no tenemos documentos escritos de esa época, hubo allí personas que vivieron y dejaron muestras de su paso. El Taller de Prehistoria pretende ayudar a los escolares a reconstruir lo sucedido entonces, a imaginar cómo se desarrollaría la vida en un poblado prehistórico e incluso a revivir, a través de la propia experiencia, algunas de las actividades realizadas por aquellos hombres y mujeres.
En los días anteriores a la visita y con material aportado por el propio Museo, el alumnado visitante -habitualmente de 6 de Primaria o de 1 de Secundaria- suele trabajar en sus aulas diversos aspectos relacionados con la Prehistoria y se familiariza con una serie de conceptos sobre los que luego profundizarán en el Taller.
Las actividades en éste, tras la recepción junto a la maqueta, comienzan con un vídeo que intenta reproducir la vida cotidiana en un poblado prehistórico. Hombres y mujeres no demasiado diferentes de nosotros, pues eran ya "Homo Sapiens", que vivían en cuevas, recolectaban tanto vegetales como pequeños animales, pescaban con arpones y posiblemente con anzuelos y trampas, cazaban para conseguir alimentos y pieles, construían sus herramientas con piedras y, entre otras cosas, pintaban las paredes de sus habitáculos y otros objetos que manejaban.

Fuego, herramientas y pintura

Tras el visionado, los escolares, divididos en pequeños grupos, pasan a realizar ellos mismos algunas de estas actividades. Eso sí, protegidos con gafas y guantes, y provistos únicamente con piedras que también en la Prehistoria podrían encontrarse, son invitados a fabricar utensilios y herramientas. Unas láminas que adornan las paredes les ofrecen abundantes ejemplos de los instrumentos que pueden elaborar: hachas, puntas de lanza, arpones, cuchillos, raspadores, punzones, buriles, etc. La fabricación, aunque evolucionó a través del tiempo, consiste básicamente, como aquí se explica a los chavales, en coger un sílex, romperlo mediante golpes con otra piedra dura y, con la ayuda de un percutor más pequeño y menos duro, extraer lascas y retocarlas hasta lograr la forma necesaria.
El fuego, como comprenden estos chicos y chicas rápidamente, fue un bien preciadísimo para los pobladores prehistóricos y su obtención uno de los logros más destacados. En el Taller se invita también a los escolares a obtenerlo con la misma técnica utilizada para ello hace ya miles de años. Se trata de frotar sílex y pirita sobre yesca preparada con corteza seca de árboles, soplar cuando se obtienen las chispas y echar sobre el fuego ya incipiente, para acabar de afianzarlo, hierba seca y palitos. La alegría que produce al alumnado conseguir su objetivo con estos medios ancestrales recuerda, sin duda, la satisfacción que sentirían en la prehistoria y es otro eslabón más de esa larga cadena de alegría que sienten los humanos al obtener de nuevo fuego.
El sentimiento artístico, las ganas de dibujar y de pintar, también se han mantenido a lo largo de los milenios. Los escolares, que han trabajado en clase sobre el sentido seguramente religioso que tuvieran aquellas pinturas prehistóricas, sus diversos soportes y los motivos que aparecen con más frecuencia, realizan en este Museo la experiencia de pintar con los mismos materiales utilizados entonces. Carboncillos para dibujar, pigmentos naturales mezclados con agua y grasa para el color, lana y palos para hacer pinceles y, cómo no, la propia mano como instrumento siempre cercano, sirven a estos chicos para plasmar sus creaciones.
La visita incluye también un recorrido explicado por la Sala de Prehistoria del Museo y la realización de unas fichas didácticas. En total, hora y media para acercarse a una época muy lejana en el tiempo pero con grandes similitudes con ésta. Una época, tal como aquí se enseña, a la que podemos seguir acercándonos a través de la arqueología, la lectura de libros y la visita a lugares en los que se conservan restos. Los escolares son invitados, como despedida, a ahondar en este conocimiento.

 

   
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