Canadá, un país que vive de espaldas a su pasado

Las autoridades emprenden reformas educativas para promover entre los jóvenes el conocimiento de la historia de su nación

 


La mitad de los canadienses desconoce los hitos históricos de su país e incluso el año de su fundación como nación.

    Las encuestas demuestran que los ciudadanos canadienses saben bien poco acerca de su pasado. Todo apunta a que deben revisarse los contenidos y métodos de la enseñanza de la historia en las escuelas canadienses. Pero la estructura federal del país y su compromiso con la multiculturalidad sitúan este proceso en un contexto especialmente complejo. En Ontario ya se han iniciado las reformas que apuntan a un sistema mucho más exigente y selectivo.    
   

FRANCESC PEDRO
Por segundo año consecutivo, un instituto especializado, el Instituto Dominion —que toma el nombre precisamente de la denominación con que se conoce a la fiesta nacional en Canadá—, ha presentado los resultados de un estudio que viene a demostrar lo poco que los ciudadanos canadienses conocen acerca de la historia de su nación. El pasado año, tan sólo el 34% de los canadienses consiguió pasar una prueba de treinta preguntas con éxito. Estas preguntas giraban alrededor de hechos o fenómenos especialmente importantes en la configuración de Canadá como una nación. Así, por ejemplo, dos tercios de las personas encuestadas desconocían completamente que la nación fue fundada en 1867. La mitad fue incapaz de nombrar a la persona que por vez primera ocupó el cargo de primer ministro en el país. Dos tercios de los estudiantes de bachillerato no pudieron explicar que sucedió en el día D en Normandía.
En esta nueva oportunidad, el porcentaje de canadienses que ha suspendido esta especie de examen de historia nacional ha ascendido hasta el 50%. Mientras la mayoría de los canadienses saben perfectamente quién es Jacques Villeneuve y que, por supuesto, es canadiense, cerca del 60% no podía identificar como algo muy propio del país la frase "paz, orden y buen gobierno" que viene a ser a la constitución canadiense lo que "libertad, igualdad, fraternidad " es a la revolución francesa. Igualmente, más de la mitad de los encuestados desconocía el origen de la alianza entre ingleses y franceses que dio lugar en 1848 al principio de unificación que hoy está tan presente en los debates constitucionales.

Orgullo nacional

El orgullo nacional canadiense también puede verse afectado por el hecho de que alrededor del 70% de los canadienses desconoce que el origen de frases que se han hecho tan populares como "el medio es el mensaje" o de expresiones como "la aldea global" está en el pensamiento de un canadiense, Marshall McLuhan..
El gobierno conservador de Ontario ha respondido a las acusaciones lanzadas contra el descuido de la enseñanza de la historia en las escuelas que "en una lista de veinte prioridades para la política educativa nacional, el conocimiento de la historia nacional ocuparía el número 21". Educadores y psicólogos sugieren que lo que está sucediendo es que en lugar de considerar la historia como el elemento de solidificación de la identidad nacional y el punto de identificación común entre todos los miembros de una sociedad extremadamente multicultural, este papel lo ejercen ahora nuevos referentes como actores famosos, cantantes en la cresta de la ola o deportistas de prestigio internacional como Michael J. Fox, Shania Twain o Jacques Villeneuve, respectivamente.
Pero este cemento solidificador es mucho más débil que un conocimiento en profundidad de la historia compartida. Para empezar, semejantes ídolos pueden verse sustituidos con facilidad por otros procedentes de los cercanos Estados Unidos. Al fin y al cabo, aproximadamente el 90% de los canadienses viven a menos de 100 km de la frontera con los Estados Unidos. Incluso los ministros de Cultura de las distintas provincias no dejan de referirse al fenómeno de la "invasión cultural" que ya se está produciendo.

Hacia la reforma escolar

Cuando este sentimiento de pérdida de los conocimientos se aúna con unos resultados no tan excelentes como sería deseable en las pruebas internacionales en matemáticas y en ciencias, no es extraño que se reproduzca un movimiento favorable a una reforma del sistema educativo. Esta reforma, por ejemplo en el caso de la provincia de Ontario, ya ha empezado y está afectando, en primer lugar, a los alumnos de 14 años de edad.
Las reformas se centran en la introducción de grupos de alumnos homogéneos, pruebas estandarizadas de lectura y escritura, un currículum más estricto y la utilización de calificaciones al final del trimestre basadas en porcentajes. Desde que los conservadores reemplazaron al partido demócrata en 1994, las reformas introducidas en esta línea se han sucedido. La perspectiva de que la provincia de Ontario representa todavía un caso de absoluto convencimiento de la bondad de las teorías de la enseñanza activa y progresista parece estar desmoronándose. Ahora se trata de conseguir un sistema mucho más heterogéneo que permita, a partir de los cursos noveno y décimo (es decir, a partir de los catorce y quince años de edad) una diversificación curricular que facilite tratar por separado perfiles distintos de alumnos. A partir de estos cursos será posible para ellos decidir qué tipo de asignaturas quieren cursar en función de si desean incorporarse al mercado de trabajo, seguir con la formación profesional o seguir con el bachillerato a partir del curso undécimo.
El programa orientado a la incorporación al mundo laboral incluye una experiencia real de trabajo supervisada por la escuela, con la intención de preparar los estudiantes para una fácil transición al mercado laboral después de terminada la enseñanza secundaria obligatoria. Semejante experiencia laboral puede llegar a representar aproximadamente hasta la mitad del horario lectivo de cada semana a lo largo de todo un curso. Por supuesto, esta experiencia es debidamente evaluada por las autoridades educativas.
El programa orientado a la formación profesional tiene como objetivo facilitar el acceso a los centros de formación profesional de la provincia, que ofrecen diplomas y títulos en áreas tan diversas como el turismo, los negocios, la artesanía o la fisioterapia. Finalmente, los cursos orientados a la preparación para el acceso a la universidad ponen mayor acento en los aspectos teóricos, académicos y fundamentales de las materias estudiarlas.
A diferencia de lo que sucedía con experiencias previas, que forzaban a los estudiantes a permanecer siempre en la línea escogida, en el nuevo sistema que se está ensayando en la provincia de Ontario los centros escolares vienen obligados a ofrecer la posibilidad a los estudiantes de desplazarse entre los distintos tipos de programas.
Por otra parte, la introducción de pruebas estandarizadas de lectura y escritura no hace más que colocar a Ontario en la misma situación que las restantes provincias canadienses. Este tipo de pruebas están diseñadas para garantizar a los estudiantes, a las familias, a las instituciones de enseñanza post secundaria y a los empresarios que los graduados de los centros de enseñanza secundaria obligatoria de Ontario disponen de la suficiente preparación tanto en expresión oral como escrita. Estas pruebas se aplicarán en el curso décimo para asegurar que existe el suficiente tiempo por delante para poner en práctica actividades remediales cuando esto sea necesario.
Pero probablemente el aspecto más innovador de la reforma propuesta es la obligatoriedad de realizar un mínimo de 40 horas de trabajo comunitario, fuera del horario escolar, para obtener el título de graduado en educación secundaria. Con esto se intenta garantizar que los graduados no sólo tienen las competencias académicas necesarias sino que también se habitúan, en un contexto educativo, a desarrollar habilidades y conocimientos orientados a contribuir al progreso de la comunidad en la que viven. Ningún tipo de trabajo remunerado o de experiencia estrictamente laboral puede ser convalidado a estos efectos. La idea, en definitiva, es que los alumnos presten servicios en comedores públicos, centros persistencia o cualquier otro tipo de institución comunitaria. Por supuesto, los sindicatos no han visto con demasiado entusiasmo esta iniciativa. Particularmente, los funcionarios públicos no dejan de ver en ella una amenaza a sus intereses como empleados de instituciones comunitarias. El ministerio responde afirmando que esta experiencia de trabajo comunitario, debidamente tutelada por educadores, es mucho más enriquecedora para los alumnos que 40 horas lectivas de no importa de qué materia escolar.

Esta información ha sido elaborada con la
colaboración del grupo de investigación en política educativa de la Universidad Pompeu i Fabra

   
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