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Madrid
asumirá las competencias educativas en junio
Los alumnos rumanos posan con la directora del centro. Tras el desayuno, los grupos se distribuyen en las aulas para iniciar las tareas escolares.
(Fotos: Rafael Martínez)
Un centro público madrileño
acoge a setenta niños rumanos
Más de setenta niños rumanos se estrenan en la vida escolar en un centro público madrileño. Estos alumnos pertenecen a familias de etnia gitana que, tras recorrer diversos países europeos, se han instalado en el asentamiento de Malmea (Fuencarral).
La adquisición de hábitos de higiene y la iniciación en el idioma constituyen las líneas prioritarias de este proyecto del MEC.

Madrid. ROSAURA CALLEJA
Desde el pasado mes de marzo, el colegio público madrileño Miguel Hernández, que permanecía cerrado desde el pasado año, ha abierto de nuevo sus aulas para albergar a más de setenta niños, de edades comprendidas entre los 3 y los 16 años. Para la atención integral de esta población infantil, la Subdirección Territorial de Madrid-centro ha emprendido un proyecto, cuyas líneas de actuación prioritarias se concretan en la adquisición de hábitos de higiene y comportamiento, además de iniciar un proceso de alfabetización.

Sonsoles Carles, directora del centro, subraya la innumerables carencias que presentan estos alumnos. "Por el carácter nómada de las familias gitanas, los niños no han asistido de forma regular a un centro educativo; además, soportan las condiciones infrahumanas de supervivencia del asentamiento de Malmea en el distrito de Fuencarral, donde este colectivo de inmigrantes se ha instalado".

La jornada escolar da comienzo a las 8,30 horas, en que el autobus llega al poblado para recoger a los niños y, acompañados por mediadores socioculturales, se desplazan al centro público. Carmen Creanga, que pertenece a la Asociación Comisión Católica Española de Migración y se ha incorporado a este proyecto como mediadora y traductora, confirma la satisfacción de los padres y su voluntad de que puedan asistir a un centro ordinario e integrarse en la sociedad.

Hábitos de higiene

Una vez en el colegio, los niños pasan por la ducha, donde los mediadores les explican unas normas mínimas de higiene, el manejo del cepillo de dientes y el peine para el cabello, ir al servicio o cambiarse de ropa. Dana Brotea, mediadora de origen rumano, opina que lo importante no es la nacionalidad del educador, sino establecer una comunicación fluída con los alumnos.

Para la organización de las clases, se han establecido diferentes niveles: un aula de Infantil para niños de 3, 4 y 5 años y tres grupos que corresponden a los ciclos Inicial y Medio. Sonsoles Carles, maestra especializada en Educación Infantil, asegura que su experiencia en aulas de integración de niños gitanos le resulta de gran utilidad: "Las etnias gitanas de todo el mundo presentan rasgos parecidos, como la existencia del clan con un patriarca que actúa de jefe. En cada uno de estos grupos de niños rumanos hay un líder, que dirige y a quien obedecen. Para nosotros esta circunstancia es favorable porque estos líderes colaboran con los profesores", afirma.

Profesorado interino

La plantilla del centro está formada por seis maestros y otro de apoyo -todos ellos en régimen de interinidad-, tres educadores de origen rumano, dos voluntarios y cuatro objetores de conciencia.

Una vez que se han aseado, los alumnos se distribuyen por las aulas para desayunar y empezar la actividad escolar. En pocos días han aprendido a recoger la mesa y depositar los vasos y servilletas en las papeleras. Para iniciar el aprendizaje, los profesores pretenden fomentar la expresión a través del dibujo. Pero se enfrentan al problema del lenguaje, pues estos niños hablan un español muy pobre y con escaso vocabulario.

Para Sonsoles Carles estos alumnos parecen menos anárquicos que los gitanos españoles y conocen el significado de la palabra disciplina, "por tener mas carencias, da la impresión de que temen portarse mal y perder todo aquello que reciben en el centro". Además de iniciarles en el aprendizaje del idioma, el profesorado intenta averigüar sus conocimientos de otras materias, "pero suponemos que los niveles son nulos", indica la directora.

A pesar de que para ellos todo es nuevo y están fuera de su contexto y de su cultura, responden con mucho entusiasmo a las iniciativas que se les proponen. "Sus pésimas condiciones de vida y el hecho de viajar les ha hecho muy espabilados y muy sociables y demandan atención y afecto", continúa.

Perfil humanitario

La directora del centro valora muy positivamente este proyecto del MEC por su componente humanitario. Según sus propias palabras "no puede existir una población infantil que carece de las mínimas condiciones de supervivencia". Los colegios de este distrito madrileño se han volcado con la experiencia y, desde el primer momento, han transmitido su solidaridad y su intención de colaborar, además algunas asociaciones se han movilizado para enviar ayuda de primera necesidad del poblado.

Ante las demandas de otros colectivos de emigrantes que exigen el mismo trato que los rumanos, Sonsoles Carles puntualiza que el MEC dispone de informes actualizados de las situación de estos colectivos. "Concretamente, la unidad de programas de la Subdirección Territorial de Madrid-centro cuenta con personal específico que atiende a estas minorías y escolariza a los niños en colegios públicos y concertados. En su mayoría hablan español y no viven en un poblado de acogimiento, por ello, no se les puede comparar con los niños rumanos", aclara esta profesora.

Según las previsiones del MEC, este proyecto se prolongará hasta finalizar el curso en junio y cuando los niños aprendan el idioma se les integrará en centros ordinarios.

 


La iniciación en el idioma y la adquisición de hábitos de higiene son líneas prioritarias de este proyecto del MEC
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