"Deshielo". 1924
"Campesino durmiendo". 1951
Los paisajes desnudos de Ortega Muñoz

Las salas del antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo presentan en Madrid una muestra antológica dedicada al pintor extremeño Godofredo Ortega Muñoz (Badajoz 1905-Madrid 1982), uno de los grandes creadores del arte español de la posguerra. La exposición, organizada por el Ministerio de Educación y Cultura, reúne más de cien obras de un artista dedicado esencialmente al paisaje y al retrato.

"Paisaje".
1961

Madrid. PILAR BRAVO
El trabajo de Ortega Muñoz se nos muestra embebido de esa necesidad de indagar en el paisaje que impulsó la obra de un buen número de artistas españoles durante la posguerra. Unos artistas que encontraron en la naturaleza el cauce adecuado para canalizar una renovación plástica, y para desarrollar un diálogo intimista con la tierra. Desde el punto de vista creativo, el paisaje ofreció a los artistas, a partir de la década de los años treinta, la posibilidad de experimentar sobre los problemas que plantea la composición, la perspectiva, la expresividad de las formas,... o los contrastes del color...,. Este género les permitió igualmente asimilar los conceptos filosóficos y literarios que impregnaron los planteamientos de la Generación del 98, así como las formas más renovadoras de tendencias como el Cubismo, cuyas estructuras geométricas alejaron las visiones más realistas y naturalistas del paisaje.

Fruto de estos planteamientos fue por ejemplo la creación de dos escuelas muy destacadas, la Escuela de Vallecas, que fue fundada por Benjamín Palencia y el escultor Alberto Sánchez y que se nutrió con la presencia de otros creadores como Caneja o Maruja Mallo, y la Escuela de Madrid, en la que participaron pintores como García Ochoa, Redondela, o Martínez Novillo, que plasmaron visiones muy distintas, tanto del paisaje como de la modernidad plástica. El trabajo de Ortega Muñoz heredó en buena medida estas propuestas aunque no podemos olvidar otros géneros que definen una trayectoria definida por el dominio de la técnica, del dibujo, del grabado, y de los múltiples registros que pueden obtenerse con el color.

Fascinación telúrica

La exposición que podemos contemplar en las salas del antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo permite en este sentido contemplar un recorrido creativo en el que la tierra ejerce una total fascinación, a pesar de que se expresa con una sobriedad, una sencillez, y un esquematismo extremos. "...En mi pintura hay -decía Ortega Muñoz- un acento primitivo, una expresión tal vez ingenua, pero no es esta una ingenuidad maliciosa, quiero decir elaborada, efectista. Es mi modo natural de ver y de sentir...Yo creo que la pintura moderna ha logrado sus mejores expresiones por el camino de la espontaneidad, de la inocencia...".

La muestra, que ha sido estructurada con un criterio cronológico, arranca con algunas obras de su etapa más temprana, centrada iconográficamente en personajes populares y paisajes extremeños. A partir de los años veinte, amplió sus temas, y recogió muchos fragmentos de las naturalezas que conoció en los múltiples viajes que realizó. Y es que, desde su Extremadura natal, Ortega Muñoz viajó primero a Madrid, más tarde a París, a casi todos los países de Europa, y a algunos de Oriente Medio, como Turquía, Palestina, o Egipto. Es en los cuadros que pintó hasta los años cuarenta, en los que podemos valorar las enormes cualidades de este creador como pintor de retratos, de figuras, o de bodegones.

Pero han sido sin duda los paisajes de Ortega Muñoz, realizados a partir de la década de los cincuenta, los que han eclipsado el resto de su obra, y los que plasmado su interpretación realista de la naturaleza. Son imágenes de paisajes extremeños, castellanos , riojanos y canarios fundamentalmente, en las que repite temas y formas, pero en las que se aporta siempre una concepción distinta, siempre desnuda de folclore, y de elementos accesorios. Son cuadros en los que prima una gran sobriedad en el tratamiento cromático y en los que se concede una enorme importancia a los pequeños detalles.

Sus paisajes son inconfundibles por la sencillez de su concepción, por la austeridad cargada de profundidad que transmiten, y por la dignificación del trabajo en el campo que expresan sin que aparezcan figuras humanas en las representaciones. Unas representaciones de fragmentos de campos arados que recuerdan la piel de las cebras o de los leopardos.


Una muestra reúne en Madrid más
de cien obras del pintor extremeño
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