"La Inmaculada Concepción" (1607-1613), arriba.

"La coronación de la Virgen" (1603-05), arriba, a la derecha.

"Las lagrimas de San Pedro" (1587-96), a la derecha.
Nuevas miradas sobre El Greco

Con el título "El Greco, identidad y transformación", el Museo Thyssen-Bornemisza presenta en Madrid una exposición en la que asistimos a la evolución plástica de El Greco (Creta 1541-Toledo 1614), desde una etapa de formación influenciada por las pinturas cretenses, hasta su período español, donde trabajó en la decoración del Monasterio de El Escorial, y en Toledo. La exposición incluye piezas nunca expuestas, y otras que pueden contemplarse por primera vez en Madrid.


El Museo Thyssen- Bornemisza exhibe una muestra que ilustra la evolución plástica del gran artista cretense

Madrid. Pilar Bravo
La muestra ilustra al espectador sobre la evolución que experimentó el arte de El Greco, desde 1560 hasta 1600, en los tres escenarios fundamentales de su vida: Creta, Italia, y España, que fueron empapando su obra de matices postbizantinos, de elementos del Renacimiento, y finalmente de una estética personal y mística, que le erigieron en uno de los máximos exponentes del arte religioso español del siglo XVI. Valorando esta multiplicidad de lenguajes que supo asumir, El Greco es considerado hoy como un artista versátil y complejo, que fue capaz de asumir un espíritu europeo en los distintos países del continente donde vivió, y de asimilar distintos lenguajes y estéticas, que transformó y adaptó a su propia forma de hacer.

La muestra sorprende al espectador en el vestíbulo del museo Thyssen, con dos monumentales obras del artista: "El martirio de San Mauricio y la legión tebana" que fue pintada por el Greco recién llegado a España y que sale por primera vez del Monasterio de El Escorial, y "la Adoración de los pastores", una obra de plena madurez. Ya en las salas temporales, la exposición se adentra en su evolución estilística, si bien previamente y a modo de introducción dedica un apartado a la pintura cretense del siglo XVI, en el que se recogen algunos iconos bizantinos de la época del pintor.

Muchos de estos iconos son anónimos, y evidencian la influencia que recibió El Greco de este tipo de pintura. Así se aprecia en las creaciones que configuran su período cretense, como la "Adoración de los Reyes" y en especial la tabla titulada "La dormición de la Virgen", que solo ha sido expuesta durante 10 días, y que es considerada como el antecedente de "El entierro del Conde de Orgaz". En este período el pintor expresó con intensidad su calidad cromática, y un trazo suelto que manifiesta una rápida ejecución.

En el taller de Tiziano

La estancia del artista en Venecia a partir de 1567 y en Roma desde 1570, marcó su trayectoria con nuevos planteamientos derivados básicamente de participación en el taller de Tiziano. Su relación con los maestros venecianos, canalizó un tipo de obra de tono manierista, en la que la que la perspectiva espacial ganó terreno, al igual que la representación de un mundo interior que nada tiene que ver con la reproducción de los rasgos sensibles de la realidad. El empleo de luces artificiales y coloreadas, el alargamiento de las proporciones de las figuras, y un tipo de composición con dos puntos de vista, son elementos que El Greco incorporó a sus creaciones, y que a partir de este momento se nos muestran cargadas de esencias místicas. Por otra parte se empapó de la monumentalidad de Miguel Angel. De su etapa italiana la muestra recoge el famoso Tríptico de Módena que expresa la influencia veneciana que recibió.

La etapa española de El Greco se inició con su llegada a Toledo en 1577, donde permaneció hasta 1614, fecha de su muerte. El artista transcurrió en consecuencia 37 años de su vida en nuestro país, al que llegó con el deseo de participar en la decoración del Monasterio de El Escorial. Su estilo manierista no terminó de encajar con los gustos más sobrios de Felipe II, si bien, en Toledo recibió importantes encargos para la Catedral, y encontró un clima favorable para desarrollar su arte, Un arte que fue transformándose, en el sentido de ir ganando progresivamente un mayor brillo en el tratamiento cromático, una rotunda expresividad formal, y una ágil y fluida plasmación de la pincelada.

Además de la evolución cronológica y estilística en la obra de El Greco, la muestra del Museo Thyssen permite valorar los distintos enfoques con los que abordó los temas que más se repiten en su iconografía, como las escenas de la vida de la Virgen o de Cristo, las imágenes de Santos, los retratos o los paisajes. Entre estos últimos cabe destacar una impresionante "Vista de Toledo" del Metropolitan Museum de Nueva York, donde la luz irreal de una tormenta, empapa de misterio y enigma la visión de la ciudad.