Desde la consideración del libro como medio esencial del aprendizaje y del texto como herramienta de trabajo para profesores y alumnado, el autor del presente artículo propone una novedad: dar un mayor protagonismo a los alumnos en cuanto a elección de libros de texto atendiendo a sus intereses, características personales y académicas.

Otra perspectiva de los libros de texto

     

Teodoro Bustillo Vicario
Profesor de Educación Secundaria

 
     

En casi todas las áreas, pero sobre todo en las materias de letras, esta extraordinaria herramienta de trabajo que es el libro de texto ha sido criticada por determinadas concepciones pedagógicas. Su intención era positiva pues pretendía romper un monolito pedagógico que venía impuesto por las editoriales y/o por los autores, y a la vez conseguía dar en el aula un mayor protagonismo a una pedagogía renovadora, para lo cual servían poco o no servían.
Como corolario, ganaba en protagonismo el profesor, generador de su propio texto y discurso, y de un conjunto de materiales, prácticas y modos de estar muy concretos. El profesor cambió de ser un agente pasivo, mero transmisor de lo que decían autores y editoriales, a ser un agente activo que hacía prevalecer criterios epistemológicos tamizados por el punto de vista personal.
Esta práctica gozó y goza de adeptos; cada profesor elaboraba una serie de prácticas y teoría concretados en unos apuntes que se dictaban y/o explicaban en clase. Cada profesor se convertía en autor de un texto, donde la objetividad se atomizaba, generalizándose la subjetividad en estos territorios del conocimiento. Las explicaciones ganaban en protagonismo e individualización. En esta postura, el profesor, si no aparentemente sí realmente, se convertía en protagonista. En torno a su persona y sus apuntes se articulaba la clase.
Casi a la vez se introdujo la fotocopiadora como elemento técnico que ayudaba a eliminar el dictado, llegando a convertirlo no sólo en innecesario sino en un elemento arcaico y vetusto por lo que de pérdida de tiempo suponía. En el mejor de los casos se pasó a hacer una serie de fotocopias que se entregaban a los alumnos a principio de curso y se desarrollaban durante el año académico. Aquí se concretaba el papel del profesor como autor. Autor de su propio texto.
No se debe menospreciar lo que de sublimación del afán del profesor por llegar a ser autor de un libro impreso, que sólo algunos pueden llegar a concretar.
Desde estas críticas pedagógico-epistemológicas se empezó a denostar al libro. Los profesores que seguían utilizándolo a veces se sentían en una situación a justificar. Si esta postura se mantenía con ahínco se despotricaba contra el libro en su versión "de texto". El libro de texto era detestado.
Ningún docente pretendía semejante aberración y seguramente no se era muy consciente de ella, pero el efecto se daba.
Esta critica cuenta con décadas de existencia y procede en origen de un cuestionamiento del sistema educativo anterior. No en vano la institucionalización de esa metodología se produce en el nuevo sistema educativo.
Hoy parece que las críticas no tienen tanto virulencia pues el sistema vigente permite moverse con holgura entre los márgenes antes señalados. El libro de texto no está tan mal visto aunque ha salido malparado en la reyerta, debiendo compartir protagonismo con otros medios entre los que destacan los informáticos y audiovisuales.
Partiendo de estos puntos de vista, proponemos una novedad que nos permite eliminar muchos de los inconvenientes que antaño se criticaban al libro de texto. Esta propuesta la hemos puesto en práctica en Bachillerato, en el área de Historia Contemporánea de España, y está abierta a mejoras y a crítica. ¿En qué consiste?.

1º- Pensamos que todos los libros que están en circulación son y más si entendemos que se ha suprimido la autorización previa del MEC. Nadie podrá eliminarnos un libro de nuestra práctica docente.
2º- Asumimos la diversidad de programaciones didácticas, programaciones que vienen condicionadas por el currículo oficial, por tanto en base tienen que coincidir y respetar las exigencias planteadas por el MEC. En el caso concreto de nuestra materia, nos vemos condicionados por la PAU. De ahí que debamos ceñirnos a los contenidos planteados.
3º- Consideramos muy importante la diversidad en las características de cada alumno, tanto a la hora de aprender como en sus rasgos personales, ideológicos, vitales o de intereses.

De acuerdo con los puntos anteriores, al alumnado no le recomendamos un único libro de texto sino varios. En principio cualquiera podría ser válido aunque nosotros de momento, recomendamos tres. Y que elijan.
Si a un alumno de 16, 17 ó 18 años se le considera capaz de elegir entre un bachiller y un ciclo formativo, y de escoger materias optativas, tampoco vemos razón para que no se le considere capaz de elegir libros de texto, siendo como es una decisión de menor rango e importancia que las anteriores.
Con esta propuesta se le da un protagonismo necesario, pues a la postre, son los alumnos quienes deben aprender lo que aparece en los libros de texto y que nosotros explicamos. Nadie mejor que ellos para decidir.
De rebote soslayamos el problema que para muchos padres, profesores y alumnos supone el permanecer por imperativo legislativo con un libro que no se está a gusto, o los problemas que supone que no valgan los libros de un hermano, amigo o familiar. Previo a que el alumno elija se dan unas orientaciones básicas sobre la materia y la posibilidad de hojear y mirar esos libros.
Con esta propuesta, se evita también un excesivo dirigismo de los departamentos. A veces uno o varios profesores, por la circunstancia que sea, no están de acuerdo con las directrices recomendadas. También queda eliminado ese problema. Los profesores no recomiendan un libro con el que no están de acuerdo. Ahora bien, no sería correcto que se impusiera al alumnado lo que no desean que les impongan a ellos.
Las dificultades que pudiera haber a la hora de los exámenes son soslayables si consideramos que debemos calificar narraciones, sucesos, argumentaciones, redes de relaciones causales, hechos... En este sentido, cualquier visión sería acertada siempre que demuestre conocer lo esencial de la materia.
Con este sistema pueden convivir varias perspectivas sin problemas. Todos sabemos que a la hora de hacer un libro de texto, las editoriales y autores son de una determinada línea teórica-ideológica. Con la variedad ideológica y de exposición que supone tener varios libros, nos permite una enseñanza multifocal al introducir visiones de autores varios y entre la que cabe la del propio profesor. Con esta propuesta evitamos adoctrinar en el aula. La pluralidad está garantizada.
Sin duda se puede tachar esta propuesta de ecléctica, poco realista y no aplicable a todos los niveles educativos. Creemos que en el Bachillerato, en la opción de letras y en determinada materias, se puede introducir sin mayores problemas. Ahora bien, cada docente sería conveniente que adaptara esta propuesta a cada caso concreto.