Los pedagogos germanos advierten sobre la primacía de una correcta socialización del alumnado
sobre consideraciones de rendimiento académico. (Foto: Rafael Martínez)
Encendido debate
en Alemania sobre la coeducación

A instancias de los ministros de educación de distintos estados alemanes, un grupo de pedagogos ha propuesto separar a los niños de las niñas en determinadas asignaturas, con objeto de facilitar el progreso académico de las niñas en materias científicas y técnicas.

 

Francesc Pedró
En los últimos cinco años se han venido desarrollando en Alemania distintas experiencias relacionadas con una concepción de la atención a la diversidad que convierte el género de alumnos y alumnas en un criterio muy importante en el diseño de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Estas experiencias, siempre alrededor de la enseñanza secundaria obligatoria, se caracterizan por educar separadamente a niños y a niñas en asignaturas como informática, tecnología, ciencias naturales, física, química y trabajos manuales. En conjunto, son todavía muy pocos los centros escolares que aplican este principio amplio y un tanto sui generis de atención a la diversidad, pero son cada vez más los profesores que consideran que es una estrategia acertada separar a alumnos y a alumnas en determinadas materias, especialmente a partir de la pubertad.

Varios ministros de educación se han encargado de promover una nueva concepción política, de acuerdo con la cual la coeducación, pese a ser un principio insoslayable en la educación de niños y niñas, puede volverse especialmente contra ellas cuando de lo que se trata es de conseguir un mayor rendimiento académico en materias consideradas estratégicas para la competitividad del país, como las matemáticas y las ciencias.

También crece de forma paulatina pero incesante el número de pedagogos, de docentes y de políticos alemanes que estiman hoy que el principio de la enseñanza mixta ha sido uno de los más grandes errores pedagógicos de los últimos años. Que se reúnan más de dos niños en un aula no significa nunca, a los ojos de cualquier docente, que sus posibilidades y facultades sean necesariamente equivalentes. Se supone que menos lo serán aún cuando el género es distinto. En materias críticas como las matemáticas o la física, algunas opiniones sostienen que las niñas tienen cierta propensión para cohibirse ante la agresividad y la pretendida superioridad de los niños. En los últimos cursos del bachillerato en Alemania, el número de niñas en las clases de química no representa más del 40% del conjunto del alumnado, y en física nunca han superado el 20% sobre el total en toda Alemania. En cambio, tanto en artes plásticas como en lengua alemana, las niñas constituyen el 70% de los efectivos. Debe tenerse en cuenta que todas estas materias son optativas en los últimos cursos del bachillerato alemán.

Mecanismos de discriminación

Estas opiniones, aparentemente infundadas, han encontrado un buen argumento en cierta línea de investigación que se está convirtiendo en muy popular en los institutos pedagógicos alemanes: se trata de describir los mecanismos de discriminación que de forma prácticamente inadvertida se ejercen en la escuela. La investigación más reciente, llevada a cabo por la Universidad de Francfort, ha conseguido demostrar por medio de observaciones en situaciones reales de aula cuáles son estos mecanismos. Los resultados han sido sorprendentes: los alumnos son preguntados por sus profesores con mayor frecuencia que lo son las alumnas; cuando una alumna está en uso de la palabra, la posibilidad de que sea interrumpida por un profesor es mayor que si se tratara de un alumno y, con frecuencia, son los alumnos los que interrumpen las intervenciones de las alumnas; en asignaturas de carácter técnico y científico, los alumnos tienen mayor tendencia a considerarse superdotados que las alumnas, quienes, por el contrario, tienen mayor predisposición a considerarse absolutamente negadas para estas materias; los calificativos que se aplican a los alumnos que consiguen buenas notas, por parte de sus profesores, giran alrededor de adjetivos como "inteligente" y "despierto", mientras que a las alumnas que consiguen notas equivalentes se les aplican otros adjetivos como, por ejemplo, "aplicada" y "estudiosa".

Para demostrar que las niñas tienen la misma capacidad que los niños para ilusionarse e incluso para apasionarse por materias técnicas y científicas se han llevado a cabo algunas experiencias innovadoras, tanto en Berlín como en Hamburgo y en la Baja Sajonia. Uno de los estudios que ha conseguido mayor impacto ha sido el realizado por el Instituto Pedagógico de Kiel. Este estudio ha conseguido documentar, apoyándose en los resultados académicos obtenidos, que cuando alumnos y alumnas son separados para recibir enseñanza en forma segregada en materias como la física y la química, el interés que las alumnas muestran por los correspondientes contenidos crece de forma significativa, y lo mismo ocurre con las calificaciones académicas que obtienen. En cambio, los resultados conseguidos por los alumnos son equivalentes tanto si son escolarizados de forma separada en estas materias como si reciben la instrucción en grupos donde la presencia de las alumnas es proporcional. Curiosamente este estudio parece apuntar que la propia autoestima de las alumnas mejora cuando reciben un tratamiento distinto y que son capaces de superar completamente el cliché que las convierte en niñas que nunca comprenderán nada del mundo de la ciencia y de la tecnología.

Segregación parcial

El impacto obtenido por la publicación de estos resultados, además de los debates que se suceden de un tiempo a esta parte sobre la coeducación tanto en las cadenas de televisión de mayor audiencia como en algunos periódicos y en revistas de gran tirada, ha sido muy grande. Pero, aún así, la mayoría de los pedagogos sigue rechazando la idea de que la enseñanza segregada pueda generalizarse en todas las materias y a todas las edades. La práctica totalidad de los profesionales de la enseñanza parece fuertemente convencida, por lo menos por ahora, de que el retorno a escuelas segregadas para niños y para niñas sería un retroceso social de consecuencias prácticamente impredecibles. Se debe dar por hecho que en un centro escolar donde se practique la coeducación, tanto los alumnos como las alumnas aprenden con mayor facilidad a relacionarse con las personas de otro género y a favorecer una sociedad más igualitaria bajo este punto de vista. Pero los partidarios de esta nueva fórmula de atención a la diversidad insisten en que no se trata de volver atrás en el tiempo ni, tan siquiera, de segregar a alumnos y a alumnas en todas y cada una de las escuelas, sino que basta con hacerlo en algunas materias porque es el único modo de conseguir avanzar en la igualdad de oportunidades de ambos géneros en una sociedad en la cual la ciencia y la tecnología están llamadas a tener un papel crucial.

En resumen, se pretende encontrar una nueva definición de los mecanismos de educación compensatoria bajo el principio de la atención a la diversidad de necesidades de los alumnos. No se trataría, por consiguiente, ni de un exceso de conservadurismo pedagógico ni de una especie de integrismo feminista, sino de una exigencia meramente pedagógica basada en la investigación científica. Si es cierto que en Alemania, lo mismo que en otros países europeos, profesiones como las relacionadas con la ingeniería, la química, la informática y, en general, con las matemáticas y las ciencias son las que tienen mayor futuro y si, como parece, el sector de las industrias de la información y del diseño y producción multimedia son los que van a experimentar mayor crecimiento en los próximos años, resulta del todo punto evidente que los actuales sistemas educativos y de enseñanza de las ciencias y de las matemáticas no consiguen atraer a un porcentaje de alumnas equivalente al de los alumnos. Si hay que buscar la fórmula adecuada para ejercer un suficiente contrapeso a unas influencias sociales que limitan las posibilidades de las niñas, entonces parece lógico que deban encontrarse estrategias educativas alternativas a las actuales.

Pero el debate no ha hecho más que empezar y repite una lógica iniciada años atrás en Suecia y otros países nórdicos. La pregunta que de forma recurrente lanzan los profesionales de la educación a la opinión pública es si son las estrategias de coeducación las culpables de las menguadas oportunidades de las niñas en el mundo de la ciencia y de la tecnología y, en cambio, las responsables de que profesiones como la docencia sean mayoritariamente femeninas. O si, más bien, son las propias estructuras sociales y familiares, comunes a todo el mundo desarrollado, las que debilitan las posibilidades de las niñas.

Redefinir la coeducación

Las propuestas educativas lanzadas estas últimas semanas por algunos profesionales alemanes apuntan a la necesidad de convertir la coeducación en algo mucho más serio y con mayores consecuencias en la vida ordinaria del centro que la mera coexistencia entre alumnos y alumnas. Se trata de convertir la coeducación no en un hecho meramente físico –cohabitar en el espacio del aula–, aunque tenga su importancia, sino en una manera de educar que atañe tanto a los niños como a las niñas. La cuestión de la igualdad de oportunidades entre géneros no está reservada meramente a las niñas y exige una respuesta educativa tanto para ellas como para los niños. De este modo, la verdadera coeducación exige ir mucho más allá de la coexistencia pacífica entre géneros en una misma aula para convertirse en un conjunto de estrategias proactivas y, tal vez, diferenciadas para niños y para niñas porque las influencias que reciben unos y otras son igualmente distintas. Pero eso no implica, de ningún modo, que deban ser separados físicamente.

Por otra parte, estos debates también han recordado que, incluso aceptando que la coeducación pudiera conllevar una merma en el rendimiento académico de las niñas, el principal objetivo que debe perseguir la educación obligatoria es una adecuada socialización para una sociedad democrática en la que rige el principio de la igualdad de oportunidades ante la vida. En este contexto, afirman estos pedagogos, el principal criterio para decidir si se mantiene o no la coeducación en todas y cada una de las materias no puede ser el rendimiento académico por sí solo, sino de forma subordinada al objetivo de una correcta socialización.

Esta información ha sido elaborada con la
colaboración del grupo de investigación en política educativa de la Universidad Pompeu i Fabra

 


Crece el número de docentes germanos que estima la enseñanza mixta como
un error pedagógico

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