ROMEU
Estrategias didácticas y organizativas

El reciente 50 aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la asimetría cada vez mayor que existe entre los avances tecnológicos y los sociales, en detrimento de estos últimos, hacen todavía más evidente y necesario el hecho de conceder especial relevancia a los artículos que componen dicha Declaración y los pactos, convenios y declaraciones posteriores que la desarrollan, como el reto fundamental con el que se enfrenta la humanidad en un futuro inmediato.

El acervo cultural, social y político que la Declaración encierra es de tal importancia para el progreso de la humanidad que, aún admitiendo ciertas críticas que se le han hecho y sin ánimo de crear un nuevo mito o religión de carácter laico, podría afirmarse que probablemente nos encontramos ante la construcción social más importante del ser humano, no sólo del siglo que finaliza, sino de toda su historia. Porque, a diferencia de sus antecedentes, la firma de la Declaración supone un hecho absolutamente novedoso en la historia de la humanidad por dos motivos esenciales. En primer lugar, por su carácter universal, ya que no se trata de proclamar una serie de derechos para los ciudadanos de un determinado país, sino para todo ser humano sin ningún tipo de distinción (en este sentido, la Declaración nos convierte indirectamente en ciudadanos del mundo); y, en segundo término, porque se consensúa un catálogo de derechos y valores desde los que se debe regir la convivencia dentro y entre los distintos Estados.

Para que todas y todos podamos disfrutar de dichos derechos, la educación ha de desempeñar nuevamente un papel fundamental. En efecto, desde el mismo momento de la aprobación de la Declaración Universal se produjo ya una respuesta educativa. De una parte, porque el derecho a la educación aparece inlcuído ya dentro del propio articulado (artículo 26); de otra, porque como se recoge en el Preámbulo, la implantación y el desarrollo de los derechos humanos quedan ligados a una intervención en este sentido en el ámbito educativo. A este respecto, ciertas posiciones tanto de ayer como de hoy vuelven a caer, interesada o ingenuamente, en el "utopismo pedagógico" de la primera ola de la educación para la paz, representada por el movimiento de la Escuela Nueva (Jares, 1998, pp. 33-37).

Aún reconociendo en este sentido el papel esencial de la educación, la vigencia de los derechos humanos afecta también a otros espacios sociales, principalmente políticos, económicos y culturales, tal como la historia nos ha enseñado. Ni la educación por si sola puede hacer que desaparezcan todos los males del planeta, ni tampoco debe dejarse utilizar de una manera perversa y cada vez más frecuente- por la clase política, que intenta trasladar a la educación todos aquellos problemas que tienen su origen y resolución en otros ámbitos. (...)

Xesús R. Jares
"Cuadernos de Pedagogía". N 277. Feb.1999

 

Aumentan en Francia las Zonas
de Educación Prioritarias

El ejercicio "delicado" que constituía, según Ségolène Royale, la revisión del mapa de Zonas de Educación Prioritarias (ZEP) ha terminado: sin sorpresa, las ZEP ganan en amplitud. La ministra delegada para las enseñanzas escolares ha presentado el nuevo mapa a la prensa, el jueves 11 de febrero, dando cuenta de un balance positivo de 997 centros de escolares suplementarios clasificados como ZEP: 825 escuelas más, 142 colegios, dos liceos y dos liceos profesionales.

En esta nueva geografía de la educación prioritaria, 96.600 docentes, en lugar de 81.000, recibirán el plus por dedicarse a alumnos especiales, 6.861 francos por año (1045,9 euros). La prima de los directores de escuela aumenta en un 20%, mientras que los jefes de centro verán su remuneración mejorada en función de la talla del liceo o del colegio (...)

1981: las zonas de educación prioritaria aparecen en una circular de Alain Svarin del mes de julio."Se trata", escribió el ministro de Educación Nacional, "de contribuir a corregir la desigualdad social mediante el reforzamiento selectivo de la acción educativa en las zonas en las que las tasas de fracaso escolar son más elevadas"

1983: primer mapa de 363 zonas reagrupan 8,7% de alumnos del primer grado, 10,6% de colegios y 8% de liceos de enseñanza profesional.

1990: Lionel Jospin, ministro de educación, crea un plus por "alumnado especial" para los docentes que trabajan en las ZEP (que pasa a ser de 6.200 francos en 1992). El número de las zonas pasa a 544 (11,4% de la población escolar).

1992: Jack Lang crea la clasificación de "centros sensibles", para 167 centros (sobre todo licéos).

1995-96: François Bayrou adopta planes contra la violencia que prevén el reforzamiento de las ayudas en las zonas sensibles.

1998: Sélogène Royal anuncia en enero un plan de relanzamiento de las ZEP, y en junio, la creación de "redes de educación prioritaria". Al comienzo del curso, el 15% de los docentes ejercían en 558 ZEP que escolarizan el 11% de la población escolar, de los 700.000 en las escuelas y 400.000 en colegios.

Le Monde (12-enero-99)