La forja de estereotipos

Teresa Colomer analiza en su ensayo "La formación del lector literario"
la nueva literatura infantil y juvenil
La escritora Teresa Colomer acaba de publicar su último ensayo, La formación del lector literario (Anaya), un estudio riguroso y ameno que viene a llenar un hueco en la literatura infantil y juvenil y que nos permite conocer el itinerario que niños y niñas siguen en el aprendizaje de las convenciones de las obras literarias.
Teresa Colomer ha estudiado el contenido de 150 obras recientes dedicadas a niños y jóvenes. (Foto: Magali Berenguer)

 

Madrid. Nuria Coronado
La fuerte entrada de la literatura infantil y juvenil en el sistema educativo junto con la amplia oferta editorial de este tipo de libros, son dos apreciaciones que nadie puede negar. Pero conocer a fondo algo más sobre el hábito de lectura de los niños o que visión les damos de la sociedad en la que vivimos con estos libros, es otro cantar. Por eso Teresa Colomer decidió armarse de valor y enfrentarse a un territorio tan poco estudiado como fascinante: el de la literatura infantil y juvenil.

La formación del lector literario ha venido a suplir la falta de obras didácticas que nos descubren este mundo literario. "En nuestro país ľafirma la autora- hay dos asignaturas pendientes: la creación de hábitos de lectura y los estudios que desarrollen y expliquen hacia dónde se mueve esta literatura".

Esta profesora de Didáctica y Lengua en la Universidad de Barcelona nos señala la equivocación de pensar que la literatura infantil es sólo una cosa de niños cuando en realidad nos estamos jugando el futuro cultural de un país. Escribir este libro no le fue cosa fácil pero "era consciente de las lagunas y dificultades con la que iba a tropezar, no había ni bases de datos ni mucha información, así que aquello fue como cruzar un desierto, toda una epopeya".

Ahora tiene claro que para inculcar el gusto por la lectura no sólo se han de preocupar los maestros: "Los padres también tienen que aprender a seleccionar bien los libros y a compartirlos con sus hijos; es una actividad que da mucha gratificación".

Consciente de que la televisión o los ordenadores son dos competidores demasiado fuertes con respecto a la lectura, Colomer está convencida de que la batalla sólo puede ganarse aliándose con el enemigo: "Deberíamos utilizar estos medios para difundir programas televisivos en los que hubiera reseñas para que los padres pudieran orientarse sobre qué libros comprar a sus hijos".

Comprender el mundo

Además, según la escritora otro de los problemas que no se pueden olvidar es que es una literatura en la que hay ocasiones en las que el adulto en cuanto autor de estas obras se pierde en el mensaje: "En el fondo la literatura infantil es un discurso hecho por los adultos para que los niños y los jóvenes comprendan y vean el mundo en el que viven".

La demanda en la escuela de esta literatura ha puesto de manifiesto que estos jóvenes lectores exigen más y ya nada tienen que ver con los de otras épocas, lo que ha motivado un salto en la propia creación literaria. "Sobre todo ha habido un cambio en la representación del mundo ľopina Teresa Colomer- ya no se cuentan los mismos temas ni existen los mismos personajes del siglo pasado, la literatura se ha modernizado y ajustado a los tiempos que corren".

Ahora esta literatura ha hecho desaparecer a monstruos y brujas -en definitiva, personajes malvados- y los ha cambiado por yuppies agresivos o políticos corruptos, y como nos explica la autora, "en los libros actuales predominan los conflictos psicológicos, ya no hay adversarios, porque el mal está dentro de uno mismo".

Lo que sin embargo no ha parecido transformarse es la poca igualdad entre sexos: "Tan sólo una cuarta parte de los personajes dan el protagonismo a la mujer, no hay oferta en cuanto a dar un modelo femenino fuerte del que las niñas pueden aprender, el poderoso sigue siendo por desgracia el hombre".

La formación del lector literario se ha basado en 150 de las mejores obras infantiles y juveniles publicadas en lengua castellana y catalana en España entre 1977 y 1990. El estudio demuestra que "ahora esta literatura ya no puede definirse como ñoña; ya no se defiende, como en el pasado, al niño del mundo real. Ahora se tratan temas como la muerte, la soledad, la violencia, la agresividad e incluso el sexo. Una cosa es el maniqueismo y otra cosa es tratar los temas duros desde otra óptica", finaliza Teresa Colomer.