En el presente artículo, su autora analiza las funciones de los hemisferios cerebrales en el desarrollo del lenguaje y en el proceso de adquisición de la lectura y escritura.

Los hemisferios cerebrales en los programas de lectura y escritura

Concepción Monge Crespo
Diplomada E. Infantil y E.G.B. y Ciencias
Licenciada en Ciencias de la Educación


En un sujeto normal se concibe la complementariedad de ambos hemisferios más que una competición o una inhibición de uno de ellos, y gracias a la acción del cuerpo calloso se da una interacción recíproca. En contra de rígidas dicotomías hoy se alude a un continuum funcional, cada uno utilizando sus propias capacidades según los caracteres de la tarea, de la forma de procesar la información y quizás también de los diferentes momentos de realización de la misma.

El lenguaje es una de las funciones que, aunque sea el hemisferio izquierdo la sede del control del habla, puede ser procesada en el resto de sus capacidades por uno u otro hemisferio, de aquí la importancia de estudiar su desarrollo bajo una perspectiva integradora, tanto de aspectos orgánicos, como psicológicos, formales como funcionales, y siempre dependiente del sujeto para evitar polarizaciones, ya lingüísticas, ya neurológicas y/o cognitivas.

La situación de la zurdería compartiría aproximadamente en un 70% la dominancia izquierda del habla con más del 90% de los sujetos diestros. El 30% restante, y dado que la zurdería no es un rasgo unitario y depende de distintas fuentes de variación (historia familiar de zurdera, sexo, etc) presentaría dominancia bihemisférica o diestra. Esto nos conduce, una vez más, a considerar el lenguaje bajo un enfoque de heterodominancia.

 
"La lectoescritura como proceso debe ser enseñada por un maestro que sepa ofrecer un modelo que permita ver las estrategias en acción y siempre en marcos significativos y funcionales"

El mayor conocimiento del cerebro y una mejor comprensión de la asimetría funcional nos debe llevar a una educación que permita utilizar las aptitudes de los dos hemisferios que integran el cerebro. Y es que aprender (Wittrock, 1977) supone una activa elaboración de significados a partir de diversos estímulos, utilizando procedimientos verbales e imaginativos y acaso también otros tipos, y la enseñanza es un proceso de ordenamiento e interrelación de los nuevos datos incorporados a la previa experiencia de quien aprende, que lo estimulan a elaborar sus propias representaciones de todo lo que va encontrando.

Si nuestros programas educativos tienen en cuenta las características en las que se fundamenta la hemisfericidad cerebral y por lo tanto dejan de valorar más las formas verbales, se acercan un poco más a la vida real y cotidiana del alumno, es decir si se concibe un proceso de aprendizaje en el que el niño trata de comprender activamente lo que se halla en su entorno, y la escuela y la familia dejan de ser realidades que existen en el vacío, se insertan en sus contextos sociales y culturales de los que reciben influencias y a la vez se benefician, estamos ante un nuevo enfoque de aprendizaje, aprendizaje que concibe el desarrollo del niño de forma unitaria, dónde los progresos del lenguaje no se entienden separados de los cognoscitivos, motrices o sensoriales.

Teniendo en cuenta que los hemisferios cerebrales trabajan en forma conjunta, en interacción, los programas educativos tendrían que ser más diversificados y los métodos de enseñanza deberían tender a estimular al sujeto a construir activamente significados a partir de su propia experiencia, en lugar de repetir los conocimientos dados que no guardan conexión con los suyos.

Las nuevas orientaciones, en nuestro caso referidas a la lectura y a la escritura, suponen un enfoque interdisciplinar aunque quizás con posturas todavía un tanto polarizadas entre los que preconizaban "la madurez" y los que propugnaban un enfoque "cognitivo" de la lectoescritura. Hoy cuando la Lingüística, la Psicología, la Antropología, la Pedagogía, etc., se ocupan de la lectura y la escritura, la alternativa propuesta no es tanto un enfoque neuropsicológico o cognitivo sino que gira en torno a analizar la conducta lectora en términos de las destrezas que las componen y así los interrogantes que surgen son del tipo qué debemos enseñarles? cómo debemos enseñar?, partiendo de algo tan fundamental como qué es leer? y qué es escribir?. La descripción del proceso, su conocimiento, nos ayudan a iniciar a los niños en dichos aprendizajes.

Leer implica dos funciones simultáneas, complementarias e igualmente necesarias (Lebrero, 1988): Descubrir las relaciones fonema-grafema y asociarlas con relativa velocidad, y captar el mensaje. Y además reconocer el significado del texto, interpretarlo e incluso juzgarlo y valorarlo. Ambas funciones deben interactuar.

Los niños, evidentemente, poseen conocimientos previos y pertinentes acerca de la lectura y la escritura pero necesitan ser instruidos en las mismas y de la forma en que se haga desarrollarán unas u otras habilidades. De aquí la importancia de tener presente que el acceso al código debe inscribirse siempre en contextos significativos para el niño. Si se trabaja el código aisladamente, de forma descontextualizada, no sólo no se aprovecha ese bagaje, significativo y funcional, sino que estamos construyendo una idea errónea de lectura. Por lo tanto la lectoescritura como proceso debe ser enseñada, y enseñada por un maestro que sepa ofrecer un modelo que permita ver las estrategias en acción y siempre en marcos significativos y funcionales.

Ante el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lectura y escritura se debe tener en cuenta:

*Habrá diferencias entre niños, mientras unos tienen simples interacciones con el entorno, otros habrán desarrollado un conocimiento en alguno de los conceptos en actividades compartidas con su madre, padre, hermanos, abuelos, ...etc., de aquí la importancia de ofrecer situaciones que desde una implicación activa favorezcan y desarrollen la conciencia metalingüística.

*Enseñar las reglas de correspondencia grafema-fonema de forma significativa y funcional. Teniendo en cuenta que tanto la descodificación como el significado son esenciales en el proceso de aprendizaje.

*Proveer al niño de estrategias para la descodificación y la comprensión del texto lo más tempranamente posible, considerando que la comprensión de lo que se lee es el objetivo fundamental.

*El aprendizaje de la lectura y la escritura exige emparentar unidades sonoras y gráficas siendo necesario que el niño desarrolle la capacidad para analizar la estructura de la lengua, es decir que el desarrollo de la conciencia fonológica facilitará el aprendizaje de la lectura y escritura.

*Ser conscientes de que la escritura lleva un mensaje y, más concretamente de que cuando los niños están escribiendo, han de poner allí dicho mensaje. Es decir, se enfrentan con la tarea de codificar el mensaje en su escritura.

*Al enseñar las reglas de correspondencia grafema-fonema se debe considerar las distintas formas gráficas: mayúsculas, minúsculas, a mano, impresas,...etc., y también que las correspondencias no se dan una a una entre letras y sonidos. Todo ello es importante para favorecer la ortografía natural y prevenir posibles deficiencias.

*Contemplar la lectura y escritura bajo una perspectiva evolutiva y en un entorno que mueva al niño al deseo de aprender a leer y a escribir.

*Utilizar material de lectura, siempre contextualizado y significativo de acuerdo a los desarrollos logrados. Sabiendo que el material para la misma es importante pero que también lo es la actividad que en torno a ella se suscita.

*Los métodos de lectura han de partir de la implicación activa del alumno, del valor fundamental de su experiencia, de la significatividad de los temas y de sus realidades psicológicas y sociales.

*El maestro tiene que empezar por conocer a sus alumnos, por saber lo que éstos saben y por crear prácticas educativas que estimulen esa su conciencia metalingüística y todo ello bajo el prisma de una auténtica formación profesional.

*La enseñanza de la lectura y escritura es una actividad cognitiva compleja por lo que debe exigir la participación activa del alumno (Solé, 1992). Debe ser una actividad, una tarea conjunta entre profesores y alumnos, con responsabilidades diferentes, con participaciones variadas pero con la finalidad de que el alumno se vaya convirtiendo en un lector experto, autónomo y competente.

*Los centros escolares, sus proyectos curriculares deben de recoger todo el proceso de aprendizaje de la lectura y escritura desde la aproximación al código, como los textos a leer, las situaciones de desarrollo de la conciencia metalingüística, estrategias a utilizar , ...etc. Es un trabajo que exige la implicación de todos los elementos que interactúan en el centro escolar: profesores, familias, recursos materiales y didácticos.

*Plantear así el proceso de la lectura y escritura es ofrecer un modelo que favorece tanto a diestros como a zurdos, es partir de la singularidad del alumno, de sus experiencias y desarrollos, en definitiva un proceso de enseñanza aprendizaje que implica no sólo usar el lenguaje sino también reflexionar sobre él.

La situación de la zurdería no debe cobrar una significación especial puesto que el maestro debe dotar, tanto a los que escriben con la mano derecha como a los que escriben con la mano izquierda, de movimientos motores que faciliten la misma, deben enseñarles la posición adecuada del papel, deben indicarles la mejor manera de coger la pintura, el lápiz, etc. En definitiva debe ofrecer oportunidades de escritura, debe permitir a todos los niños desarrollar sus habilidades a un nivel que sea adecuado a sus necesidades e intereses individuales, y sobre todo crear oportunidades que lleven al niño al deseo de aprender a escribir con una u otra mano y a utilizar ciertas estrategias en la producción de la misma.

No obstante, la elección de la mano izquierda, una vez determinada su clara preferencia y dominio de ésta, de manera rigurosa, no debe ser ignorada ni por padres ni por profesores, todo lo contrario se ha de partir de un amplio conocimiento de la situación concreta para ayudar y orientar al alumno de la manera más adecuada y pertinente y además lo más tempranamente posible. Después y como señala M. Auzias (1977) se trata sencillamente, y sobre todo, de entrenar al niño que utiliza su mano izquierda para escribir, a que desarrolle un movimiento progresivo y fácil. Pero es obvio que esto lleva implícito una serie de estrategias y técnicas que el maestro debe enseñar y el alumno aprender. De no ser así muchas de sus alteraciones dependerán de las insuficiencias del propio aprendizaje y de las soluciones pedagógicas adoptadas.

Pero teniendo en cuenta que el niño zurdo, al igual que todos los demás, está inserto no únicamente en el ámbito escolar sino también en el familiar y social, se debe presentar no sólo una actitud comprensiva hacia la zurdera sino que la misma debe ser considerada como un hecho natural y favorecida de modo semejante al dextrismo. Los contextos familiares, escolares y sociales deben tener en cuenta la pluralidad de los individuos, sus diferencias individuales y por ello sus recursos obedecerán a estas singularidades, de la misma manera que la formación del profesorado debe facilitar a cada uno la ayuda pedagógica que necesite.

No se trata de programar actividades para uno u otro hemisferio, ni tampoco para una u otra mano, sino de entender el desarrollo personal del alumno bajo una perspectiva unitaria e integral y por ende de participar de una educación cuyas estrategias sean interdisciplinares, así como no obviar que la enseñanza debe ser impartida por auténticos profesionales y sin olvidar que el alumno es una persona activa e inserta en unos contextos de los que participa y en los que interactúa.