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El maltrato infantil y sus consecuencias

Valencia acoge la celebración de un simposio internacional sobre la violencia contra los niños
La experiencia de la violencia en los niños puede impedir el desarrollo de zonas del cerebro y destruir el sentido de la vida y su orientación hacia el futuro, según se ha puesto de relieve en el simposio "Violencia contra los niños" celebrado en Valencia.
La prevención
del maltrato
infantil
es una responsabilidad social que
debe ser
compartida
por los servicios
de salud
y por el ámbito educativo.

 

 

Valencia. Rafael Cid

"La violencia destruye en el niño el sentido de la vida y su orientación hacia el futuro", dijo James Gabarino, director del Centro de Desarrollo de la Vida Familiar de la Universidad de Cornell (EEUU), en el simposio "Violencia contra los niños", organizado recientemente en Valencia por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia.

Gabarino señaló que las investigaciones concluyen que la experiencia de la violencia en los niños pequeños puede impedir el desarrollo de importantes zonas del cerebro. Este experto cifra la mayor vulnerabilidad entre los 5 y los 11 años, y recuerda que a los 8 años un niño ya ha construido sus pautas de comportamiento.

La profesora de la Universidad de Valencia María Angeles Cerezo, que dirige la Unidad de Investigación, Agresión y Familia, indicó que "un sector de nuestra población infantil está creciendo y desarrollándose en unas condiciones psicológicas y físicas muy adversas; niños y niñas que sufren maltratos de los adultos de quienes dependen física y afectivamente, es decir, padres o sustitutos. Estamos hablando de maltrato cuando las prácticas de parentalidad, que implican la crianza y el cuidado de los niños, son inapropiadas porque ponen en grave riesgo o afectan negativamente el desarrollo de las competencias del niño".

María Angeles Cerezo puso énfasis en señalar que «el maltrato infantil tiene proporciones desconocidas» porque la información que lo identifica «llega de los ámbitos de protección de menores». Estos son sólo una parte de los niños afectados por el fenómeno, «y no son representativos del total ya que los casos provienen principalmente de los servicios sociales. Esto nos lleva a hablar de grupos de riesgo, y a distanciarnos del problema. Hemos de empezar a hablar de prácticas de parentalidad arriesgadas o incompetentes, y prácticas adecuadas o competentes, y esto cambia la perspectiva, porque en todos los padres se dan unas y otras en cierta proporción». El maltrato se produce cuando se traspasa un cierto umbral en el que se están produciendo daños físicos o psicobiológicos, que impiden el desarrollo óptimo de las competencias del niño.

A la vista de los educadores

"Así pues ­continúa Angeles Cerezo­, si pensamos que todos los niños y niñas de 4 años en adelante que son víctimas de estas situaciones, que transgreden sus derechos a recibir el apoyo, el cariño y los cuidados que necesitan para desarrollarse adecuadamente, se sientan todos los días varias horas en las aulas de nuestros centros escolares, y juegan en sus patios a la vista de muchos profesionales, nos daremos cuenta que ahí estaríamos más cerca del fenómeno que mencionábamos antes, por la práctica total cobertura de la escolarización en nuestro país".

"La sensibilidad social debe incrementarse entre los profesionales, proporcionando más formación e información sobre el maltrato infantil, sus indicadores y sus consecuencias para la vida del niño, especialmente aquellos profesionales que tienen una relación más directa con los menores. También se ha de incrementar la sensibilidad social entre los ciudadanos, en el mundo de los adultos y, entre estos, los que tienen a su cargo la crianza de los niños. No menos importante es hacer a los niños y niñas conocedores de sus derechos, esto también incrementa la sensibilidad para detectar cuando estos derechos se están viendo gravemente vulnerados".

El profesor Joel S. Milner, del departamento de Psicología de la Universidad Northern de Illinois (EE.UU), definió los factores de riesgo individuales y familiares en los casos de maltrato infantil: "Las familias monoparentales, los padres jóvenes y los tutores no emparentados biológicamente con los niños figuran entre quienes tienen la probabilidad mayor de ser maltratadores. Los padres maltratadores han sido con frecuencia maltratados en su infancia y no han tenido el apoyo de sus familias de origen. Aunque haber recibido maltratos en la infancia y tener un status socioeconómico bajo son factores asociados con un riesgo alto de maltratar a los hijos, parece que estos factores son marcadores que coincidirían con otros que son realmente los que tienen que ver con la probabilidad de que se dé maltrato infantil. Por otra parte, hay datos que indican que los padres que maltratan físicamente a sus hijos manifiestan menos reactividad fisiológica ante los estímulos infantiles".

Falta de autoestima

"Los padres físicamente maltratadores -precisa el profesor Milner- presentan un bajo nivel de autocontrol y autoestima, y carecen de sentimientos de valía personal. Tienen expectativas inapropiadas respecto de sus hijos. En algunos contextos (por ejemplo, situaciones ambiguas y de la vida cotidiana), los padres maltratadores perciben los comportamientos de sus hijos como más negativos. Les atribuyen intenciones culpables y hostiles cuando juzgan su comportamiento. Sienten menos empatía con sus hijos". La mayoría de los estudios indican que los padres que maltratan físicamente a sus hijos experimentan más estrés y mayor angustia personal. Manifiestan más afecto negativo, como ansiedad, depresión, ira y hostilidad. Se sienten más aislados y solos. Parecen ser menos capaces de usar los recursos individuales y comunitarios.

El consumo de drogas se ha asociado con el maltrato físico infantil y puede ser un factor importante del maltrato severo. "En términos de comportamiento, los padres maltratadores se comunican e interactúan menos con sus hijos. Cuando lo hacen son más invasivos e inconsistentes. Usan más técnicas disciplinarias severas y menos comportamientos positivos. Por ejemplo, razonan, premian y explican menos las cosas a sus hijos".

Ignacio Gómez Terreros, Jefe de Servicio del Hospital Infantil Virgen del Rocío de Sevilla, habló del maltrato de los niños desde una perspectiva social. "El papel del médico en la etapa inicial de intervención es el de sospechar e informar, nunca adoptar actitud detectivesca, ni esperar a la posesión de pruebas absolutas o contundentes. Ante la menor sospecha debe ponerse en contacto con los profesionales de su entorno más relacionados con el tema (Trabajo Social, Unidad de Pediatría Social), dado que una actuación prematura puede obstaculizar la adecuada intervención diagnóstica y terapéutica de dichos profesionales. Si la situación de sospecha conlleva peligrosidad para el niño, se procederá de inmediato a su ingreso hospitalario, que permitirá el oportuno estudio médico/social y protección del menor, alejándolo momentáneamente del ambiente familiar y evitando posibles nuevas agresiones".

El doctor Terreros dijo que los profesionales sanitarios deben guardar especial cuidado en las actuaciones con las familias, de no provocar situaciones que puedan entorpecer la futura relación de los Servicios de Protección y/o equipo terapéutico y la familia. "Difícilmente nos vamos a encontrar con familiares maltratantes de sus hijos que demanden directamente la terapia o ayuda. Un requisito previo de la intervención es hacer percibir a la familia la existencia de un problema que afecta al desarrollo del niño y a todo el bienestar de la familia.

El reto principal del pediatra constituye la prevención, hacia donde debe dirigir sus máximos esfuerzos. Parece existir un consenso mundial sobre cómo prevenir el abuso del niño. Una limitación importante en la prevención del maltrato infantil radica precisamente en la multiplicidad interactiva de causas. Las aproximaciones preventivas más prometedoras serán aquellas que resulten capaces de actuar simultáneamente sobre los numerosos factores que crean los contextos propicios para el maltrato infantil.