Imagen de Marc Chagall en su estudio, junto a dos de
sus obras.
La esencia judía de Marc Chagall

La exposición "Marc Chagall, tradiciones judías" que la Fundación Juan March ofrece estos días en Madrid evidencia, a través de 41 obras, cómo la cultura, las formas de vida, y las tradiciones religiosas judías, sustentan el arte de este pintor ruso. Los trabajos expuestos abarcan toda su trayectoria creativa a lo largo de 67 años de trabajo. En la muestra se presenta, por primera vez en España, el conjunto del decorado arquitectónico que Chagall realizó para el Teatro de Arte Judío de Moscú.

Madrid. Pilar Bravo

"Si no hubiese sido judío, no habría llegado a ser artista". En esta frase de Chagall se sintetiza el sentido de una muestra que aborda la presencia judía en su pintura, patente en los motivos que la configuran, pero también en la estructura, los ritmos, y la expresión caligráfica de las formas, que recuerdan los caracteres hebreos por su estilización y por su síntesis expresiva. A esta rotunda presencia, se suman por otra parte esencias de la tradición popular rusa, y de la iconografía bizantina, además de una interpretación mágica y fantástica de la realidad, plasmada mediante imágenes metafóricas, empapadas de una enorme fuerza cromática.

Decía Chagall:"...A veces pinto mis cuadros al revés, sin ver lo que hago, Hago cualquier cosa, porque lo que cuenta es la voz, no lo que uno cuenta". Todo en este pintor está lleno de irrealidad armónica y alegórica. Las imágenes representadas no tienen una relación con los tamaños y las dimensiones de los objetos y figuras reales. Sus personajes aparecen flotando a veces en unos espacios donde la ley de la gravedad no existe, y los colores responden a una aplicación caprichosa. Muchas de las figuras aparecen representadas tocando un instrumento musical, o en actos solemnes de sus vidas, como el nacimiento o el matrimonio.

Tradiciones folclóricas

No en vano el mundo de Chagall responde a un simbolismo que deriva de las tradiciones folclóricas y religiosas judías, de la literatura, y de la ensoñación de las leyendas. En la manera de expresar plásticamente estas visiones, el artista utilizó recursos propios de la modernidad pictórica. En un mismo cuadro representó secuencias de imágenes interrelacionadas entre sí, sin orden ni lógica, pero ubicadas en virtud de su papel como símbolos. Por otra parte utilizó colores muy luminosos en los que, lo fundamental, es el intenso contraste entre tonos primarios (el rojo, el amarillo y el azul). En este sentido recogió la influencia del movimiento Fauvista, aunque también se dejó empapar por el Cubismo, y por el Orfismo, debido a su tendencia a experimentar con la luz y el color, basándose en las relaciones musicales.

Su trabajo se define en consecuencia por una perfecta síntesis entra la tradición y la modernidad, y por la enorme carga simbólica que expresó a través de imágenes como el violinista, el reloj, ... o la cabra, que evidencian su mundo personal y su vida interior. Las esencias mágicas de su creación son patentes en el decorado escénico y arquitectónico que realizó en 1920 para el Teatro de Arte Judío de Moscú. Estas pinturas, tras permanecer perdidas durante más de 50 años, fueron encontradas en 1991. Después de ser restauradas, ahora pueden contemplarse como un conjunto muy significativo en su trayectoria.

Superposición de planos

Desde el punto de vista de la composición, esta obra se define por la superposición de planos que hacen que distintas representaciones se muestren simultáneamente, y por un uso contrastado de intensos colores. Esta creación, que aparece estructurada como un friso dinámico y equilibrado en su armonía de líneas rectas y curvas, incluye un panel principal dedicado a la "Introducción al Teatro del Arte Judío" que es una enorme composición, de más de 7 metros de largo, en la que Chagall sitúa a personajes reales (el propio artista aparece con su paleta) y otros imaginarios (como músicos, bailarines, o acróbatas) danzando en torno a un violinista que se piensa puede ser el actor del teatro judío Salomon Mijoels.

El conjunto se completa con otra composición, la denominada "El amor en escena" y la representación de las cuatro artes, mediante cuatro figuras alegóricas. La música toma cuerpo en la imagen de un violinista; la danza en una mujer campesina y robusta rodeada de los instrumentos musicales propios de la tradición cultural judía; el teatro cobra vida con un bufón nupcial, y la literatura con un escriba. Este gran trabajo se completa con el friso titulado "El banquete de boda".


La Fundación Juan March reúne en Madrid 41 obras del pintor ruso inspiradas en la tradición religiosa